Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría

Un libro: un diálogo incesante...

DEL CAPÍTULO 4 – La Historia de la Salvación

Una historia muy antigua: El himno de la perla

Antes de adentrarnos en el «relato» del Curso, echemos un vistazo a una interpretación de una de las historias más antiguas del mundo. El himno de la perla es un viejo cuento sirio, mucho más antiguo que Los Hechos de Tomás, el texto del siglo tercero en el que se encuentra, y que refleja el mensaje contenido en Un Curso de Milagros.

«Un joven mora en un reino rico y maravilloso. Sus padres lo envían en una misión con provisiones «valiosas pero livianas» para que pueda cargar con ellas. Antes de marchar, el joven se desviste de sus Vestiduras de la Gloria y su espléndido manto, y en el corazón le graban un mensaje relacionado con su misión: debe obtener una perla de sabiduría que yace en el fondo de un mar que está rodeado por una peligrosa serpiente.

Al principio es acompañado por dos enviados reales, pues el camino es duro y peligroso, y él es joven. Al llegar a este nuevo mundo, se camufla en un cuerpo igual al de aquellos que lo rodean, y se mantiene alejado de otras personas hasta que reconoce a otro «ungido» y entre ellos nace una confianza mutua. Su amigo intenta advertirle contra los «impuros», quienes, al darse cuenta de que no es su compatriota, se predisponen en su contra. Pero acaba cayendo en las redes de los impuros que, con gran astucia, le cambian la bebida y le dan su carne. El joven se duerme y olvida su misión. No recuerda que es el hijo del rey, la perla de la sabiduría.

Los padres se enteran de lo ocurrido a su hijo y le escriben una carta instándolo a despertar, a alzarse de su sueño, a romper sus ataduras y recordar cuál es su destino. La misiva llega en forma de un águila «que llegó a ser toda palabra». Al oír su voz el joven despierta, abraza la carta, rompe el sello y rememora en su corazón las palabras de su padre. Se acuerda que es el hijo de un rey, un «alma nacida libre». Evoca la perla y la peligrosa serpiente, a quien se enfrenta y la hechiza repitiendo el nombre de su padre hasta que el reptil cae en un profundo sueño. Tras conseguir la perla, el joven emprende el camino de regreso a casa dejando atrás sus «prendas impuras».

La voz de la carta lo guía con su luz, ahuyenta sus miedos y lo conduce de vuelta a casa con su resplandor. Había olvidado las Vestiduras de la Gloria que dejó atrás durante su juventud, y, al volver a verlas, éstas se coinvierten en su espejo: «Me vi entero en ellas y a ellas las vi en mí». Vestido con ellas asciende a las puertas del saludo y adora el esplendor de su padre, que lo había enviado en una misión y cuyas órdenes ha, por fin, cumplido
».


Interpretemos (desmitifiquemos) esta historia. Nosotros llegamos al mundo con la memoria de nuestros padres, que nos han enviado a cumplir una misión, en el corazón. Debemos descubrir (recordar) nuestra verdadera identidad como alma nacida libre (Espíritu). Después de ocultarnos en cuerpos como los que nos rodean, los impuros (el mundo movido por el ego) nos mezclan las bebidas de manera astuta y nos dan de comer su carne: nos cuentan su historia sobre el mundo y nos seducen hasta el punto de acabar soñando su sueño. Al prendarnos de ese mundo de ensueño, caemos en un estado de inconsciencia y creemos que ese sueño es la realidad. Olvidamos nuestra misión, olvidamos que de hechos somos Hijos de Dios. Nuestros padres, al ver que estamos dormidos, escriben la carta que nos insta a despertar. Esta carta puede ser la Biblia, el Corán, los Vedas, el Tao Te Ching, Un Curso de Milagros o cualquier tipo de inspiración o impartición de sabiduría. La voz de la carta «llega a ser toda palabra» y al escuchar su mensaje iniciamos nuestro despertar. Al hechizar a la serpiente (el ego), recuperamos la perla de la sabiduría y, gracias a que recordamos nuestra verdadera identidad como «almas que han nacido libres», dejamos atrás nuestras vestiduras impuras y regresamos al Hogar del Padre.

Presentación de los personajes de la obra

A veces las óperas empiezan con una obertura o con escenas que todavía han de llegar. Familiaricémonos con algunas palabras que no hemos clasificado en orden alfabético, sino más bien según esquema del argumento y enseñanzas del Curso. Fijémonos en los personajes de la obra, el tema básico del Curso, el argumento y la solución al problema que nos presenta su «historia».

Dios es una de las palabras que aparecen con mayor frecuencia en el Curso. Helen describe un sueño o visión donde se encontraba a la entrada de una cueva en la que, al adentrarse, halla un pergamino. Al desenrollarlo lee las palabras «Dios es» en el panel central del texto. A derecha e izquierda de la tabla empiezan a aparecer pequeñas letras, y se da cuenta de que enrollando el manuscrito hacia la izquierda podrá mirar hacia el pasado, y haciéndolo hacia la derecha, verá el futuro. Sin embargo, ella decide dejarlo justamente donde estaba y, escucha una voz que le dice: «Esta vez lo has superado. Gracias». Podríamos dejarlo en que «Dios es». El ego, el aspirante a culpable de nuestro relato, nos tienta a enrollar el pergamino, y en el instante en que lo hacemos, quedamos atrapados en el tiempo, en un drama, en una historia. En nuestra tragedia tienen lugar una interminable lista de problemas. Como un personaje de una película de Indiana Jones, nosotros (el ego) vamos de una desafiante aventura (problema) a otra.

Dios (Amor) es inefable y está más allá de nuestros poderes de definición. Buda se negó a definir a Dios argumentando que no era posible hacerlo. Inténtalo tú: no puedes. Define el amor. Es imposible.

El Curso intenta ayudarnos a recordar aquello que carece de forma y es abstracto. El ego nos recordaría aquello concreto y delimitado por el tiempo y el espacio. Esta parte concreta del alma cree en el ego, pues éste depende de lo concreto (T-4.VII.1:4). Dios es abstracción divina. Dios es mente. Dios es vida. Dios es amor. Cuanto más vivos estamos, más amor experimentamos; cuanto más amor experimentamos, más vivos estamos, más conocemos a Dios. Vida-Amor-Verdad-Dios no puede ser delimitado. Dios, el que otorga la vida, es descrito en el Curso como Padre. El Padre tiene un Hijo llamado Cristo. «Tú» eres el Hijo de Dios, todos somos los hijos e hijas de Dios. Lo que Dios quiere para todos nosotros es la «perfecta felicidad», que a menudo es descrita como paz, dicha, inocencia y libertad.

El Espíritu Santo es la Voz de Dios, la mente de Cristo, la Luz, el puente que conduce al Cielo y el enlace que permite la comunicación entre nosotros y Dios. Es una idea en mi mente que me ayuda a comprender mi mente recta. Así pues, es una memoria en la mente del Hijo de Dios. Ésta es una memoria que no hemos perdido en ningún momento, sino que ha sido nublada por nuestras vagas ensoñaciones sobre el mundo. El Espíritu Santo es la motivación para la orientación milagrosa. Es la respuesta de Dios a la separación (T-5.II.2:5) y «la decisión» de reparar esa separación. Ve nuestras aterradoras percepciones e intenta ayudarnos a superarlas. Él está en nosotros en un sentido muy literal (T-5.II.3-4). Es el maestro interior, nos consuela, es el guía, sanador y mediador.


«La voz del Espíritu Santo no da órdenes porque es incapaz de ser arrogante. No exige nada porque su deseo no es controlar. No vence porque no ataca. Su Voz es simplemente un recordatorio. Es apremiante únicamente por razón de lo que te
recuerda.» (T-5.II.7:1-5).

Jesús es alguien que rememoró quién era como Espíritu, recordó su identidad: «Yo y el Padre somos uno» (Juan 10:29-31). Él, siendo hombre, vio la faz de Cristo en todos sus hermanos y recordó a Dios (C-5.2:1). Jesús también es el «yo» del Curso que aparece en frases como: «Puedes hacer cualquier cosa que yo te pida. Te he pedido que obres milagros.» (T-2.II.1:1-2).

Cristo es el Hijo de Dios. Sin embargo, dado que todos somos la Filiación, también somos Cristo. Aún así, estando atrapados en el sistema de pensamiento del ego, no conocemos (no recordamos) nuestra realidad como Cristo.

Tú es (normalmente eso no sería español correcto, pero en este caso «tú» es un personaje del Curso) el personaje más mencionado en el Curso, pues aparece varios miles de veces. En el Curso aparecen tres tipos de «tú»:

1. A veces el Curso habla de un tú en referencia al ego, como por ejemplo en: «Crees ser la morada del mal, de las tinieblas y del pecado» (LE-93.1:1). Ese es el tú del cuerpo/personalidad.

2. Entonces aparece un tú que es quién toma las decisiones u observa. Éste es el tú a quien el Curso se dirige en la mayoría de ocasiones. Es la parte que atiende y decide entre el ego y el Espíritu Santo, entre la mente recta y la mente no recta.

3. Por último, está el Tú que es el Ser, el Hijo de Dios, Cristo, el Tú que es la Unicidad.

El ego es una creencia o concepto falso que tenemos de nosotros mismos. Es un sueño sobre lo que creemos que somos. Es algo que intentamos pensar aparte de Dios. Es un error, una percepción falsa, una fantasía que nada tiene que ver con la verdad. Para el ego, el ego es Dios (T-13.II.6:3). Es una voluntad opuesta a la Voluntad de Dios. Es la parte de nosotros a la que le gusta ser un individuo independiente. El ego no es nada, a pesar de que en el sueño parece serlo todo. Es aquello que define, interpreta, proyecta y juzga. Lo que siempre está inventando el mundo. Tú estás, yo estoy, nosotros estamos siempre concibiéndolo. En realidad, la verdad es que el ego no existe; no es más que una idea. Según el Curso, hace mucho que este mundo desapareció (T-28.I.1:6). El guión ya está escrito. Podemos cambiar nuestra percepción del mundo, pero no el propio mundo y desde luego, no podemos cambiar el Cielo. Aceptar la verdad significa reconocer lo que ya existe; implica despertar del sueño.




«Tener plena conciencia de la Expiación es, por lo tanto, reconocer que la
separación nunca tuvo lugar. El ego no puede prevalecer contra esto porque ello
es una afirmación explícita de que él nunca existió.» (T-6.II.10:7-8).



El diablo es también una creencia y, de la misma manera que el ego, tampoco existe. Sin embargo, la mente puede hacer que la creencia en la separación sea muy real y aterradora, y esta creencia es el “diablo” (T-3.VII.5:1). Así pues, el diablo es más o menos el equivalente de que el ego sea algo diferente de nuestro verdadero Ser.

El cuerpo es el hogar que el ego ha elegido (T-23.I.3:3), una limitación en el sueño que, tal como Shakespeare dijo, «aparece un momento en el escenario y después no se le vuelve a ver». Es la imagen que tenemos de nosotros mismos, fuera de nosotros mismos; parte de la máscara, del personaje, del disfraz. Al desconocer nuestra verdadera identidad, que va más allá del cuerpo, creemos ser cuerpos. Éste no es malo ni bueno pues, como el mundo, el cuerpo es neutro. Su única función es la que le otorga la mente como dispositivo de aprendizaje para saber cómo despertar del sueño. Los cuerpos son limitaciones temporales de forma. Una simple prueba de que no somos cuerpos es el hecho de que dentro de cuarenta o cincuenta años los cuerpos de muchos de los que están leyendo estas palabras ya no existirán. Ello no dice nada sobre la eternidad como Espíritu. ¿Quién parece poseer el cuerpo? Cuando alguien formulaba una pregunta al sabio Ramana Maharshi (1879-1950), él respondía a menudo con un: «¿quién lo quiere saber?». ¿Quién es responsable de la pregunta?

Un ídolo es algo que colocamos ante Dios; cualquier cosa que se convierte en un sustituto Suyo. A menudo no reconocemos a los ídolos, porque no caemos en la cuenta de que los hemos creado para sustituir a Dios.



«Has depositado tu fe en los símbolos más triviales y absurdos: en píldoras, dinero, ropa “protectora”, influencia, prestigio, caer bien, estar “bien” relacionado y en una lista interminable de cosas huecas y sin fundamento a las que dotas de poderes mágicos.» (LE-50.1:3).

Un ídolo es una imagen de un hermano o hermana a la que valoramos más de lo que él o ella es en realidad. Es un deseo convertido en algo tangible y real (T-29.VIII.3:2). Es una creencia. Cuando la creencia desaparece, el ídolo muere.

El milagro es una corrección introducida en el pensamiento falso (T-1.I.37). Es un cambio mental que desvía la percepción de la inconsciencia a la conciencia. Es un abandono de toda forma de defensa, de todos nuestros pensamientos de ataque y ocultación; el fin de las ilusiones. La ruina de la creencia en el pecado, la culpa y el miedo. No se trata de un cambio en las circunstancias externas, sino que es una corrección de la percepción equivocada, un método de aprendizaje, una lección de verdad que se introduce en el pensamiento falso. Es dejar a un lado los falsos dioses, aceptar la Expiación. El milagro no hace nada. El milagro deshace (T-28.O.1:1-2).

La definición de términos continúa en los siguientes dos capítulos a través de un análisis del argumento básico de la historia que nos ocupa, el funcionamiento de la mente y la dinámica básica del ego.

LAS RELACIONES

«
Has encontrado a tu hermano,
Y cada uno de vosotros alumbrará el camino del otro.
Y partiendo de esa luz, los Grandes Rayos se extenderán
Hacia atrás hasta la oscuridad y hacia adelante hasta Dios,
Para desvanecer con su resplandor el pasado
Y así dar lugar a Su Eterna Presencia,
En la que todo resplandece en la luz
»
(Un Curso de Milagros, T-18.III.8:5)

Si te dieras cuenta de que cada vez que te encuentras con alguien es contigo mismo con quien te encuentras, te aseguro que tus relaciones serían totalmente distintas. Si recordaras que aquel con quien te encuentras acaba de llegar del cielo y que lo que tú percibes no son más que tus propios juicios que impones sobre él, cada encuentro sería un ofrecimiento del amor completo, que es aquel con quien te encuentras.

Seguimos creyendo que hay alguien externo a nosotros con quien nos estamos relacionando, pero no es así. Es posible que aún no hayas tenido esa evidencia. No obstante, podrás reconocer que cuando te encuentras con alguien, de lo único que eres consciente es de tus propios pensamientos acerca de él. Lo único que experimentas son los sentimientos que sientes por esa persona, producidos por los pensamientos que tú tienes de ella. Todo eso ocurre en tu mente. Estás tomando todas esas decisiones en función de la calidad de los pensamientos y emociones que experimentes con quien te relacionas; entonces decidirás acercarte o distanciarte. Pero en realidad, esa decisión que tomaste no tiene nada que ver con la persona que ves, sino con lo que tú has decidido previamente que esa persona significa para ti.

Eso muestra que no eres libre ante ese encuentro o relación. Tus pensamientos ya han establecido el escenario que te va a llevar a tomar la decisión de cómo comportarte o qué sentir respecto a esa persona. No eres libre en ningún momento porque estás sometido a tu forma de pensar y de ver el mundo. Creemos que ser libres es usar libremente nuestras ideas y defenderlas y no nos damos cuenta de que somos esclavos de ellas. No vemos que ser libres es cruzar o pasar por alto esos pensamientos que están fundamentados en experiencias pasadas y que no tienen nada que ver con el presente. Al hacer esto nos sometemos a vivir el presente como todo lo vivido en el pasado, en lugar de ser libres de vivirlo como es en realidad.

En este mundo tratamos de relacionarnos con personas a las que percibimos separadas de nosotros. Este intento establece una relación basada en la separación, y desde este marco de referencia jamás tendremos un encuentro Total con la persona con la que nos relacionamos. Es como tratar de pegar dos piezas separadas. Por muy juntas y perfectas que se unan, siempre estarán separadas. Siempre van a necesitar unirse, porque nunca lo estarán del todo debido a su naturaleza dividida. Nunca se convertirán en una pieza. Siempre serán dos piezas unidas. Si dos partes unidas no se convierten en una, entonces la unión no es real, sino algo ilusorio e inestable. Siempre existirá una brecha por donde la división puede aparecer de nuevo. Por esta razón en relaciones basadas en la separación no existe la confianza absoluta, ni la estabilidad constante, ni la paz. Todo lo que ocurre en ellas es un intento de encajar dos piezas y, una vez que parece ocurrir y nos hace felices, tratar de mantener esa unión a toda costa. Y es ahí donde el miedo a perder esa unión aparece; y miedo y felicidad no pueden coexistir. Esto ocurre en todo tipo de relaciones, pero es muy evidente en aquellas en las que hemos decidido sentirnos unidos a alguien en concreto. Es en este tipo de relaciones, que Un Curso de Milagros llama «relaciones especiales», donde lo expuesto es muy claro. Éstas son las relaciones que gestiona y dirige el ego.

Todo lo que aprendemos en este mundo respecto a las relaciones es cómo lidiar o manejarnos con esa imposibilidad de unión perfecta. Alguien que pueda considerar que tiene buenas relaciones es aquel que ha encontrado una forma de anestesiar la frustración de la incapacidad de unión real. Hay un punto en nuestras mentes, más allá de lo que acabamos de exponer, donde el recuerdo de unidad permanece. Es el punto donde todo es uno eternamente. Cuando tu conciencia se establece en él, las relaciones se convierten en un reflejo de esa unidad, en lugar de un intento de buscarla. Ante esta visión, toda necesidad de unión desaparece y la relación se convierte en el medio por el que expresas y extiendes la unidad en este mundo dual. Por lo tanto, cada encuentro se convierte en una oportunidad para decidir experimentar tu relación real o para decidir seguir relacionándote tal como ya has hecho hasta ahora. La diferencia es clara: la relación real o «santa», como se nombra en el Curso, parte del reconocimiento de la unidad o del reconocimiento de la falsedad de la separación. El miedo a la pérdida, la incomprensión y el apego no tienen cabida. De este modo la relación es una demostración o expresión de este estado singular en el que te encuentras.

Cuando soy consciente de quién soy, todo aquello con lo que me relaciono es conmigo mismo. En ese momento soy totalmente responsable de lo que pienso y siento sobre la persona que veo delante de mí. Esa persona me muestra lo que yo estoy pensando de mí mismo y cómo es mi relación conmigo. Desde ese punto todo es muy intenso. No hay filtros. Cada pensamiento se vive con totalidad. Cuando siento algo que no es plena felicidad, me detengo y espero a verlo de otra manera. Toda la ayuda del universo está allí para que ese cambio de percepción se dé. Sólo requiere que yo deje de tratar de relacionarme a mi manera, creyendo que sé quién es o cómo es la persona que tengo delante. En este mundo de reflejos no sabemos nada. No vemos nada tal cual es en realidad en ese momento. Aquí aprendemos a relacionarnos a través de las experiencias pasadas y nunca dejamos que una relación sea totalmente verdadera, completamente enmarcada en el presente, limpia de nuestros pensamientos de separación.

Lo que te trae aquel que tienes delante es inabarcable por una mente que cree estar limitada en un cuerpo. Cuando todos tus juicios desaparecen, con lo único con lo que te puedes relacionar es con lo único que existe: el amor mismo relacionándose consigo mismo. Es una experiencia de éxtasis total y ocurre cada vez que estás delante de alguien, incluso aunque sea de pensamiento. Lo único que hacemos aquí, en este mundo, es tratar de mitigar esto con nuestras relaciones hasta tal punto que la experiencia con el amor haya desaparecido de nuestras conciencias y se haya convertido en una búsqueda. Como expresa el Curso: la búsqueda del «busca pero no encuentres».

La evidencia de que no existe amor en este mundo y que sólo a través de ti puede llegar es algo evidente para mentes que han despertado a la realidad de su Ser. Éstos saben que el amor no tiene matices y también son conscientes de que están viviendo este mundo separados de su Fuente. Y son conscientes de la necesidad de pasar por alto las ilusiones que perciben en él para ver el amor que se encuentra justo detrás. La forma de extender aquí el amor, es a través de la relación. Cada encuentro te ofrece esa oportunidad de extender tu reconocimiento. Una mente despierta no se detiene a observar cómo está siendo una relación. Su deseo de ver sólo amor es superior a los juicios que lo evitan. Una mente iluminada está relacionándose con tu esencia, sin importarle quién crees ser; de esta forma es libre de sentir sólo amor, pues no depende de con quién se encuentre, sino de su propia decisión. Es muy probable que te parezca más fácil experimentarlo con algunas personas que con otras, pero llega un punto en el que no te detienes a valorar esto; lo único que deseas es sentir tu Ser con cada encuentro.

Dios aparece en este mundo cuando sientes amor por el otro. Es sólo en ese momento cuando Dios se reconoce a Sí Mismo, pues Él es amor. ¿Puedes imaginar la felicidad que sientes cuando amas a todos totalmente? ¿Sabes que el amor siente siempre amor por aquel que tienes delante? ¿Sabes que tú eres amor y que si sientes otra cosa es sólo porque no estás alineado con tu identidad? ¿Sabes que no eres feliz cuando no sientes amor y que no sentir amor procede de una decisión tuya? Sólo si te apartas a un lado y dejas que lo que eres en realidad se exprese, entonces puedes contestar «sí» a estas preguntas. Todo pensamiento que aparece en tu mente que te diga que no puedes hacer eso o que es muy difícil, incluso imposible, o que es una utopía viene del ego y no tiene ningún poder sobre ti si así lo decides. Después de experimentar esto en mí, empecé a recibir comentarios de gente que se sentía mal por ello porque no entendían cómo yo deseaba amar a todos por igual. No entendían cómo no podía amar más a mis seres más cercanos que a los desconocidos. La cuestión para mí es muy clara: para poder amar a alguien más, tengo que salir de este estado de Totalidad, y, por lo tanto, dejar de amar de verdad. El amor no tiene opuesto, ni matices, simplemente es. Así que cuando amas más a uno que a otro en realidad no amas en ninguno de los casos. En esta situación, lo único que experimentarás será tu propio concepto de «amor» y éste suele tener opuesto y, por lo tanto, implica miedo y tiempo. Es un amor que irá variando a medida que el tiempo pase y en función de cómo vayan los acontecimientos externos. Serás tú quién decidirá a quién y cuánto amar. Para un Ser que es sólo amor hacer esto implica dejar de ser él mismo y ser otra cosa, y esa otra cosa no existe a pesar de que insistas en identificarte con ella. Y yo me pregunto: ¿cómo podría escribir esto si no sintiera el amor que Dios siente por ti?, ¿qué finalidad tendría?, ¿qué sentido tiene hacer algo que no proviene del amor? Por ello puedo amarte totalmente sin ni siquiera conocerte. No lo necesito porque sé que en realidad vives en el amor y sólo te encuentro verdaderamente cuando siento esto en mí. Nada en este mundo podrá convencerte de lo contrario cuando lo experimentes en ti mismo, y créeme que lo harás. Eres amor y regresarás a ese conocimiento tarde o temprano. El tiempo ya no importa. Ahora sabes que es una ilusión y que no es él el que te separa de esa experiencia sino el miedo al amor. Para acelerar esto, deja de intentar cambiar las situaciones en las que te encuentras o las personas con las que te relacionas o a ti mismo. Nunca vas a tener éxito en este empeño. De hecho, si lo piensas honestamente, cada vez que has tratado de cambiar algo o a alguien, ¿cuántas veces el resultado ha sido felicidad o el amor sin opuestos? ¿Y cuántas veces ha sido eterno?

Cuando tratas de cambiar a alguien no tienes éxito porque lo que en realidad tratas de cambiar es lo que tú ves en esa persona y lo que ves en esa persona es un pensamiento tuyo. Tratar de cambiar un pensamiento tuyo bajo la admisión de que está fuera de tu mente es imposible. Lo que tratas de cambiar en lugar de la causa del conflicto (tu mente) es al blanco al que tú lanzas tu propio juicio, tal cual lo ves una vez tu juicio ha impactado en él. Es lo mismo que lanzar una flecha desde veinte metros a una diana y fallar, y luego tratar de corregir el error moviendo la diana desde donde tú te encuentras a veinte metros de distancia, en lugar de tomar la responsabilidad del error, apuntar mejor y acertar en el blanco. De hecho, tal como hemos dicho anteriormente, éste es el significado que para Jesús tenía la palabra «pecado». «Pecado» nunca tuvo una connotación moral para él: nunca lo vivió como algo opuesto al bien. En su lengua, el arameo, pecado es «khtahyn», que significa ´errar el blanco´ o ´fallar´. Por lo tanto, es algo que puede ser corregido con un nuevo disparo bien enfocado. No demanda ningún cambio respecto al error anterior, tan sólo requiere un nuevo lanzamiento bien enfocado que dé en el blanco. Así que lo único que hacen tus relaciones es informarte continuamente. Te informan de si estás alineado con tu realidad o no. Te informan de qué tipo de juicio estás emitiendo, de si es real o está errado. ¿Cómo saber si está alineado o es real? Muy fácil. Si estás alineado o enfocado te sentirás completamente feliz; si no lo está, sentirás cualquier otra cosa y lo único que requerirá es que vuelvas a mirar a esa relación tal como es en realidad en lugar de usar el tiempo para tratar de cambiarla o ajustarte a ella. ¿Puedes ver la inmediatez de esto? Es sólo un gesto en tu mente lo que cambia todo lo que te rodea. Sé que puede parecerte imposible o difícil que eso sea así debido a lo sencillo que es. Pero la realidad es simple y sencilla.

Si las relaciones tienen algún sentido, éste es aprender a estar alineado con tu Ser. Nada más. Cualquier otro propósito que le des va a ser real para ti y va a implicar tiempo y dualidad. Esto te conducirá a buscar estar cómodo en el sufrimiento de la separación en lugar de querer salir de él. La única relación que existe en realidad es la que tienes con tu Creador. El resto son opiniones o puntos de vista de lo que esa unión es para ti. Cada relación, del tipo que sea, en la que te encuentras refleja la opinión que tienes, en ese momento, de tu relación con el Todo. Observa que el elemento constante en todas ellas es la separación. Sólo con tus juicios basados en la separación puedes modular a tu gusto la intensidad total y constante del amor que siente Dios por ti a través de todo el mundo con el que te relacionas. Tan sólo creyendo que el de enfrente no te ama puedes evitar sentir el Amor que Dios siente por ti a través de esa persona. Incluso escuchando a alguien decir: «No te amo» puedes sentir el Amor que Dios siente por ti a través de él y dar la misma respuesta. Sabiendo esto, ¿no pasarías por alto tus propios juicios acerca de quién tienes delante?

Asóciate con los demás, con el amor que son, con su alegría y felicidad, no con sus problemas, no con sus quejas o pesares. Y si no puedes ver esto en ellos, búscalo en ti primero y luego únete a ellos, pues no vienen a ti para compartir sus miedos o desgracias, sino en busca de una salida real a su sufrimiento. Dales lo que te piden y te será dado a ti también. Cuando el amor da, da a todos sin distinción. El que pide y el que da reciben exactamente lo mismo. ¿Darías entonces realidad al sufrimiento de aquellos con quienes te relacionas? Esto no significa que tengas que convencer a nadie de que su sufrimiento no es real, pues ellos te verán como un enemigo porque creen con todas sus fuerzas que su sufrimiento existe. Significa, simplemente, que lleves ante la verdad aquello que tu compañero te ofrece y contemples su resultado. Cómo va eso a ser compartido ya no depende de ti, pues siempre se dará en función de lo que se esté dispuesto a recibir. La verdad, insisto, nunca se impone porque ella ya sabe que es verdad. Sólo puede ofrecerse completamente y permitir que sea aceptada tal como tal como se la quiera aceptar. Así que si quieres que los demás puedan aceptar la verdad de tu relación con ellos, antes debes aceptarla tú y mantenerla consciente para que pueda ser dada a aquellos que estén dispuestos a recibirla. Recuerda que, con lo único que te relacionas es con tus propios pensamientos acerca de todo lo que te rodea. Eres tú mismo ofreciendo la verdad y tú mismo aceptándola en cada encuentro que tengas.

«
Toma a tu hermano de la mano,
Pues no es éste un camino que recorremos solos.
En él yo camino contigo y tú conmigo.
La Voluntad del Padre es que el Hijo sea uno con Él.
¿Cómo no iba a ser, entonces, todo lo que vive uno contigo?
»
(Un Curso de Milagros, Libro de ejercicios, introducción al 5º repaso, 9.6)

Nuestra tarea es aprender, llegar a ser divinos a través del conocimiento. Sabemos tan pocas cosas… Gracias al conocimiento nos acercamos a Dios, y entonces podemos descansar. Después volvemos para enseñar y ayudar a los demás.

Prólogo

He recorrido un largo camino desde el día en que me di cuenta de que la vida humana es algo más maravilloso y más profundo de lo que me había hecho creer mi rigurosa formación médica.

Cuando conocí a Catherine, la paciente cuya historia se cuenta en mi primer libro, “Muchas vidas, muchos maestros”, ya había publicado varias decenas de trabajos científicos y adquirido reconocimiento internacional. Con ella entré en contacto, en forma repentina y sorprendente, con lo espiritual. De modo inexplicable, Catherine empezó a revivir lo que parecían recuerdos de vidas anteriores. Y lo que es más, todos sus síntomas clínicos mejoraron a través de ese proceso de regresión. Empecé a descubrir la armonía existente entre ciencia e intuición, y mi vida también cambió.

Hoy sabemos que por sí solas, la tecnología y la ciencia son incapaces de resolver nuestros problemas. Sólo cuando se emplean con iluminación y sabiduría puede ayudarnos de verdad. Tenemos que encontrar el equilibrio adecuado, y el amor es la piedra sobre la que se basa el equilibrio.

En Los mensajes de los sabios me he referido a la energía común a todas las experiencias metafísicas: la reencarnación, la naturaleza del alma, la curación, los dones de los médiums y, sobre todo, a la increíble sabiduría de los Sabios, seres que parecen existir en el ‘otro lado’ de esta vida.

Las ideas y conceptos contenidos en sus mensajes son como semillas singulares que han crecido y madurado en mi mente a lo largo de los años hasta convertirse en preciosas flores.
Este pequeño libro está integrado por una selección de textos contenidos en esa obra, que espero sirvan a los lectores como fuentes de reflexión e inspiración en su búsqueda de lo realmente importante: el crecimiento espiritual, la alegría, la paz, la vida eterna… y sobre todo, recordarles el poder del amor, porque sólo el amor es real.

¿Qué es el amor?

El amor es la respuesta de a todo.
El amor no es una abstracción, sino una energía de verdad.
Empieza a entrar en contacto con Dios en tu interior.
Siente el amor.
Expresa el amor.
El amor disuelve el miedo.
Cuando se siente amor no puede temerse nada.
Como todo es energía,
y el amor abarca todas las energías,
todo es amor.

Nuestros corazones conocen el camino de la felicidad y la paz interior. Prácticas espirituales como la meditación y la oración nos recuerdan lo que ya sabemos. Cuando nos olvidamos del mensaje de nuestro corazón y caemos en la rutina y en los baches de la vida, nos sentimos insatisfechos y desdichados.

Nuestra perspectiva está borrosa, hemos olvidado nuestro plan de vida, nos hemos perdido.
El remedio es sencillo.
Dedica tiempo a recordar tu divinidad, tu naturaleza espiritual. Recuerda por qué estás aquí.
La meditación es una forma de despertar la memoria.

La meditación es el arte de poner la mente en blanco para acallar la cháchara perpetua que normalmente llena nuestra conciencia. En la tranquilidad de la mente silenciosa, empezamos a ser observadores, a tomar distancia y, con el tiempo y la práctica, a darnos cuenta de que existe un nivel de conciencia superior.

Dentro de nuestras formas humanas hay un ser espiritual.
Nuestra parte espiritual nunca muere.
Jamás perdemos a nuestros seres queridos.
En realidad,
todos los seres humanos estamos conectados…
para siempre.

Cuando tenemos experiencias espirituales, casi siempre evocamos la energía del amor.
Esa forma de amor es incondicional, absoluta e ilimitada.

Es como un impulso de energía pura, una energía que también posee atributos de gran fuerza, como la sabiduría, la compasión, la eternidad y la conciencia sublime.

El amor es la energía más básica y dominante que existe, Es la esencia de nuestro ser y nuestro universo.
Es el componente fundamental de la naturaleza que conecta y une todas las cosas, a todas las personas.

La energía del amor es, en potencia, más fuerte que cualquier bomba y más sutil que cualquier hierba.

Lo que sucede es que aún no hemos podido aprovechar esa energía tan básica y pura. Cuando lo consigamos, podrá darse una curación en todos los niveles, individualidad planetaria.

Nuestras almas siempre se sienten atraídas hacia el amor.
Cuando comprendamos de verdad el concepto de que el amor es energía que lo abarca todo y que su impulso curativo puede transforma con rapidez nuestros cuerpos, mentes y almas, superaremos nuestros males y nuestros dolores.

Dios es paz. Dios es amor.

Nos hemos olvidado de que, puesto que hemos sido creados a imagen divina, Dios está en nuestros corazones y somos criaturas de paz, seres de amor y divinidad.

Sólo hay una religión, la del amor.

Sólo puede haber una, porque sólo hay un Dios, el Dios de todos nosotros. Tenemos que amarnos los unos a los otros, porque el amor es el camino. De lo contrario nos condenaremos a repetir curso tras curso, hasta que aprendamos la lección del amor.

Sólo si nos deshacemos de nuestros miedos, si vemos a la gente de otras religiones como iguales, como almas como nosotros que van camino del cielo, podremos amar en un sentido auténtico, incondicional. Todos somos lo mismo.

Todos remamos en la misma galera. En nuestras muchas reencarnaciones, hemos sido de todas las religiones, de todas las razas.

El alma no tiene raza, no tiene religión. Sólo conoce el amor y la compasión.

Todos somos seres divinos. Hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado. Y para volver a casa tenemos que recordar el camino. Como los radios de una rueda de bicicleta, todos los caminos indicados por las grandes religiones llevan al mismo centro, a la devoción y la iluminación.

No hay un camino mejor o peor que otro.

Hay grandes verdades, belleza y sabiduría en todas las grandes tradiciones religiosas. No es necesario que abandonemos nuestra tradición. Al fin y al cabo, unas prefieren las rosas, y en cambio a otros les gustan más las flores silvestres o los girasoles. Todas tienen su belleza propia y Dios hace que el mismo sol las ilumine, que la misma lluvia las alimente. Son distintas, pero todas son especiales.

La lluvia cae sobre malas hierbas igual que sobre las flores,
y el sol brilla en las cárceles igual que en las iglesias.
La luz de Dios no discrimina,
y tampoco la nuestra debe hacerlo.
No hay un único camino, una única iglesia,
una única ideología. Sólo hay una luz.
Cuando caen las barreras,
todas las flores pueden florecer juntas en un jardín de esplendor sin igual,
un paraíso terrenal.

Recordar que somos almas, que somos inmortales y que existimos siempre en un vasto mar de energía es la clave para llegar a la alegría y a la felicidad.
En ese mar energético, toda una serie de espíritus que están para ayudarnos nos conducen por el sendero de nuestro destino, nuestro viaje evolutivo hacia la conciencia de Dios.
No competimos con ninguna otra alma: nosotros tenemos nuestro sendero y ellos el suyo. No se trata de una carrera, sino de un viaje que emprendemos juntos hacia la luz de la conciencia.
Las almas que han progresado o evolucionado más tienden una mano con amor y compasión a las que se han quedado atrás.
La última alma que completa su trayecto no vale menos que la primera. Todo es crecimiento y aprendizaje, un crecimiento continuo.
El cuerpo no es más que un vehículo que utilizamos mientras estamos aquí.
Lo que perdura eternamente es el alma y el espíritu. Nuestras almas existen en una corriente de amor energético.
Nunca nos separamos realmente de nuestros seres queridos, aunque nos sintamos alejados y faltos de amor.
Olvídate del pasado. Ya no volverá.
Aprende de él y déjalo en paz.
La gente madura y cambia constantemente. No te aferres a una imagen ilimitada, desconectada y negativa de una persona en el pasado.
Mírala como es ahora.
Tu relación con los demás esta siempre viva, siempre en continuo cambio.
Cuando las religiones hablan de la naturaleza de Dios, siempre se menciona el amor.
Eso se cumple en todas las religiones y nos une a todos.
Todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y Dios está dentro de todos.
Nuestra naturaleza básica se basa en el amor, la paz, el equilibrio y la armonía.
Nuestra esencia innata es compasiva, cariñosa y buena.
No nos hace falta aprender qué son el amor y el equilibrio, la paz y la compasión, el perdón y la fe.
Los conocemos desde siempre.
Anhelamos la Ilusión de seguridad,
en lugar de la seguridad de la sabiduría y el amor.
La verdadera seguridad deriva de la paz interior
y del conocimiento de nuestra esencia auténtica, que es espiritual.
En realidad nada puede hacernos daño, porque somos inmortales y eternos, porque somos seres espirituales, no cuerpos físicos,
porque siempre hay quien nos ama y nos protege, porque nunca estamos solos,
porque Dios y todo un ejército de seres amorosos nos protegen siempre,
porque todos tenemos la misma esencia. Así, pues, no hay por qué tener miedo.
Esta verdad es el secreto de nuestra seguridad y de nuestra alegría.
Eres un carpintero que está construyendo su hogar espiritual.
¿Cuántos martillos hacen falta para levantar tu hogar espiritual?
¿Qué es mejor, mil martillos o uno perfecto?
Lo que cuenta es la calidad de la casa, no cuántos martillos tiene el carpintero. Dedicamos demasiado tiempo a acumular martillos y no el suficiente a construir nuestro hogar espiritual.
El amor lleva a la comprensión. La comprensión lleva a la paciencia. Y entonces se detiene el tiempo, y todo pasa aquí y ahora.
La comprensión es lo que cura, y a través de ella se renueva eternamente el amor y se manifiesta.
Al ir comprendiendo nos deshacemos de los miedos. Al ir deshaciéndonos de los miedos, desaparecen los obstáculos que nos impiden alcanzar el amor y éste fluye con libertad en nuestro interior y entre nosotros.
En nuestra vida terrenal, es difícil recordar que somos almas y no simples cuerpos físicos. Constantemente nos distraen las ilusiones y desilusiones de este mundo.
Nos enseñan que el dinero, el poder, y el prestigio y las posesiones materiales son de suma importancia y a veces incluso el motor de nuestras vidas.
Nos enseñan que para ser felices tenemos que lograr que los demás nos aprecien y nos respeten.
Estar solo, nos dicen, es ser desgraciado.
En realidad somos seres inmortales que nunca se separan energéticamente de los que aman.
Tenemos almas gemelas y familias espirituales que son eternas.
Los espíritus guardianes nos guían y nos aman siempre.
Nunca estamos solos.

propósito para este día

propósito para este día
No me valdré de ninguna persona o situación para aprisionarme en este mundo.

sobre este blog

"En muchas ocasiones la lectura de un libro ha hecho la fortuna de un hombre, decidiendo el curso de su vida" (Ralph Waldo Emerson).

Con este blog pretendo acercarte a los libros que, en algunos casos fueron, en otros siguen siendo importantes en mi camino de búsqueda espiritual, esa búsqueda que me conducirá finalmente al despertar a mi verdadera identidad.

Los extractos que aquí puedes encontrar, te proporcionan una aproximación a la temática de cada libro, a partir de ahí, sólo tú puedes decidir qué es importante para tí, hasta qué punto puede serte útil, y hasta dónde estás dispuesto a llegar...

Considero conveniente recordarte que la simple lectura, de por sí, no obrará milagros... sin práctica no hay adelanto.

inocencia

la belleza de lo salvaje

40 versos sobre la realidad

autoliberación interior

quiero...

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el vuelo del águila

la invitación...

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