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miércoles, noviembre 17

DIOS ES FELICIDAD (Neale Donald Walsch)

CAPITULO 27
DIECISIETE PASOS PARA SER MÁS FELICES QUE DIOS

 
Está bien. Ya hemos creado un contexto amplio dentro del que podemos considerar los pasos que esbozamos aquí, al principio de nuestras exploraciones. Vamos a ver ahora estos pasos poderosos que puedes dar para que tu vida sea más gozosa, más pacífica, más realizada, más emocionante, más satisfactoria y más divertida.

Yo creo que toda la humanidad puede ser más feliz que Dios. Esto se producirá después de la segunda gran reforma de las religiones de la humanidad.

No te desanimes. Está de camino. Va a producirse, más bien pronto que tarde. En el diálogo titulado El Dios de mañana se me dijo que tendría lugar en un plazo de veinticinco a treinta años, o quizá menos, en función de las circunstancias del mundo.

El mundo está perdiendo la paciencia consigo mismo. Sus habitantes ven que el camino que llevamos, que el modo en que estamos cocreando la vida sobre la tierra, no es sostenible. Ven también que son muchas de nuestras creencias más fundamentales acerca de Dios y de la vida (aunque desde luego que no todas) las que están provocando nuestras conductas disfuncionales. Por eso puedes esperar un cambio importante de nuestra experiencia religiosa, que se transformará, en un futuro no muy lejano, en lo que yo he llamado la Nueva Espiritualidad.

Mientras tanto, puedes ser muchísimo más feliz de lo que has sido nunca a nivel personal... ¡por muy feliz que hayas sido!

He aquí diecisiete pasos que te pueden llevar hasta allí.

1. Pon fin a la Teología de la Separación

Trabaja tu propia vida y tu sistema personal de creencias para eliminar todo pensamiento de separación de Dios. Libérate de esa teología, sin más. 


La Teología de la Separación es una teología que se empeña en que nosotros estamos «aquí» y Dios está «allá». Su doctrina nos dice que Dios nos separó de Él en castigo por nuestros pecados, y que nuestra tarea consiste ahora en volver a Dios, lo cual sólo es posible si Dios lo permite; y sólo lo hará si obedecemos sus mandamientos, si seguimos sus leyes y si nos sometemos a su voluntad. En resumen, debemos hacer Lo Que Dios Quiere. (Puede consultarse mi estudio detallado de este tema en mi libro What God Wants, Atria Books, 2006.)

Esta Teología de la Separación ha producido una Cosmología de la Separación (es decir, una manera de entender la vida en este planeta con la separación como principio básico), que ha producido, a su vez, una Sociología de la Separación (es decir, una manera de socializar nuestra especie que nos exige comportarnos como seres separados, al servicio de nuestros respectivos intereses separados), que ha producido una Patología de la Separación (es decir, una conducta patológica que produce sufrimientos, conflictos, violencia y muertes a nuestras propias manos).

Nuestra Patología de la Separación sólo se curará cuando nuestra Teología de la Separación se sustituya por una Teología de la Unidad. Debemos llegar a entender que toda la vida es Una. Éste será tu primer paso, y es el primero de mi lista. Es el principio del fin de cómo son las cosas ahora. Es el comienzo de una creación nueva, del hacer realidad la próxima versión, la más grandiosa, de la visión más grande que hayas tenido nunca de Quién Eres.

La Verdad Callada nos revela que la Unidad no es una característica de la vida... sino que la vida es una característica de la Unidad.

La vida es la expresión de la Unidad Misma. Dios es la expresión de la Unidad Misma. La Vida y Dios son Uno. La Unidad es Dios y la vida. Es un círculo.

Cuando hemos entendido esto, vemos a Dios en todos y en todo. Incluso en nuestros yos divinos. Vemos claramente que somos Dios diosando. Es decir, Dios en el acto de recrearse a sí mismo. Dios, y la vida, evolucionan. Dios no permanece nunca igual, sino que se hace mayor y más de lo que es Dios a cada momento.

Dios es más de todo ahora mismo que lo era hace un nano-segundo. Cuando resolvamos nuestro propio caso de «error de identidad», cuando nos identifiquemos con Lo Que Es Dios, entonces seremos tan felices como Dios.

Pero, ahora, atiende a lo siguiente. Si empleamos el término «Dios» para indicar la Divinidad Colectiva, y el término «tú» para indicar la individualización de la Divinidad, y si llega el día en que tú hayas elevado tu consciencia hasta un nivel en que seas más feliz que muchas otras individualizaciones...; bueno, pues entonces serás más feliz que «Dios».

La individualización que eres «Tú» tendrá una consciencia más elevada que el número máximo de otras individualizaciones de la Divinidad que llamamos «Dios», del mismo modo que otros mensajeros, avatares y maestros anteriores (Buda, Moisés, Jesús, Mahoma y otros más) tuvieron la experiencia de la elevación de sus propias Consciencias Individualizadas por encima del nivel de la Consciencia Colectiva. Entonces asumieron la misión de elevar la Consciencia Colectiva de la humanidad para que la Totalidad Que Es Dios pudiera evolucionar todavía más, expandiéndose más aún en la consciencia y en el autoconocimiento total. Eso es lo que hacían ellos aquí.

Toda vida es divina, y cuando tratemos a toda vida como divina, lo cambiaremos todo. Pues ¿cómo es posible que un solo aspecto, que una sola Individualización de la Divinidad sea completamente feliz mientras alguna otra Individualización sea completamente infeliz? La respuesta es que no es posible. Y así nos elevaremos unos a otros, para que todos podamos vivirnos a nosotros mismos siendo «más felices que Dios».

«He venido para que podáis tener vida y con mayor abundancia», dijo un Maestro. Y el Maestro-Que-Hay-En-Ti dirá un día lo mismo. Cuando la tierra se transforme de este modo, persona a persona, ya no morirán niños de hambre. No habrá millones que sufran opresión. Las naciones ya no lucharán contra las naciones. Cuando tratemos a todos como Divinos, ya no habrá guerras.

2. Mantente en contacto con quien eres

 
Recuerda que tú no eres tu cuerpo sino un alma que realiza con el cuerpo un viaje de gozo. Recuerda que tu alma es una parte eterna de Dios. Recuerda que Dios y tú sois Uno. Después, ten bien claro lo que es más importante para esa Individualización de la Divinidad que se está manifestando como Tú, aquí mismo, ahora mismo. Trátalo todo y trata a todos como si estuviera y estuvieran sintonizados perfectamente con todo y sincronizados perfectamente con el programa de trabajo de tu alma.

Entiende que, por ser Quien Eres, nada puede hacerte daño, y no necesitas nada para ser absolutamente feliz en este cuando/donde de tu existencia eterna.

Lo que te digo aquí es que te veas a ti mismo como a un Ser Espiritual con cuerpo, con la misión sagrada de la autorrealización y de la autocreación. Empieza por darte cuenta de Quién Eres de Verdad; después, re-créate a ti mismo en la próxima versión, la más grandiosa, de la visión más grande que hayas tenido nunca de ese Quien Eres. Tu tarea diaria, que no es tan difícil como puede parecer al principio, es la siguiente: Recuerda tu identidad. Retén tu identidad. Recrea tu identidad.

Recuerda tu identidad contra todos los indicios que indiquen lo contrario. Retén tu identidad ante todas las situaciones que tiendan a negarla.

Recrea tu identidad ante todas las invitaciones que te haga la vida a quedarte donde estás.

3. Da a los demás todas las vivencias que buscas tú

El modo más rápido y más fácil de retener tu identidad es poner a los demás en contacto con la suya. El modo más rápido para tener cualquier vivencia es hacer que los demás tengan la misma vivencia. Si quieres vivir tu Yo Divino y tu identidad verdadera, haz que otro viva su Yo Divino y su identidad verdadera.

Devuelve a las personas a ellas mismas.

Esto lo puedes hacer de cien maneras, en mil vidas, en un millón de momentos.

Si quieres vivir cualquier cosa en tu propia vida, haz que otro la viva en la suya. Si quieres vivir el amor, haz que otro sea amado. Si quieres conocer la abundancia, haz que otro tenga abundancia. Si quieres conocer el éxito, haz que otro alcance el éxito. Si quieres conocer el poder, haz poderoso a otro. Si quieres conocer la sabiduría, haz sabio a otro. Si quieres conocer el amor romántico, haz que a otro le den amor romántico. Si quieres conocer el perdón, haz que a otro lo perdonen. Si quieres conocer la seguridad y la tranquilidad, haz que otro esté seguro y tranquilo. Si quieres conocer la vida de pareja perfecta, haz que otro viva perfectamente en pareja. Si quieres conocer la paz, haz que otro esté en paz.

Lo que estoy diciendo aquí es que por donde mejor empieza la Creación Personal es en otro. Enfócate primero en el otro, siempre en el otro, no empieces nunca por el Yo, y lo que quiera vivir el Yo se hará realidad multiplicado por siete.

Cualquier cosa que quieras crear para ti mismo, créala para otro. Esta es la forma más poderosa de la Energía de Atracción.

¿Por qué funciona esto? Lo que llevas a otro, lo traes al Yo, pues no existe otro en la realidad última. Sólo existe el Yo. Cuando entiendas esto, habrás entendido todo lo que te hará falta para aprender a ser más feliz que Dios.

4. Ten claro que nada de lo que ves es real

Vivimos en el mundo de la ilusión (ver en Comunión con Dios una exposición extraordinaria de las Diez Ilusiones de los Seres Humanos). Entenderás tu relación verdadera con todo lo que te rodea cuando te consideres a ti mismo como un ilusionista que contempla sus propios trucos. Diviértete, como se divierte un buen ilusionista, pero no olvides ni por un instante que todo es una ilusión. Lo que es más importante, no olvides que eres tú el que estás creando la ilusión. Por tanto, procura no perderte en ella.

Lo que estoy diciendo es que te mantengas por encima del fragor de la lucha, advirtiendo que tú mismo estás creando tu propia vivencia de toda ella. Las circunstancias exteriores pueden presentarse de maneras muy diversas, pero tú controlas por completo la manera en que respondes y reaccionas a ellas. El momento en que eliges tu respuesta, y la eliges libremente y con toda atención, es el momento en que te recreas a ti mismo de nuevo. Este es el Momento de Poder. Este es el Tiempo de la Magia. Este es el Instante de Intención, en el que lo que eliges convertirte se revela a sí mismo en tu realidad vivida. Es cuando decides acerca de ti mismo y te ves a ti mismo siendo lo que has decidido ser, secuentáneamente. (Esta es la vivencia en que una cosa sucede tanto secuencial como simultáneamente.)

Sabe siempre que lo que está pasando es lo que está pasando, pero que la manera en que tú vives lo que está pasando la estás inventando tú.

5. Decide que tú no eres tu «historia»

Para vivir lo que está pasando de una manera que mantenga tu felicidad, lo más probable es que tengas que abandonar tu historia.

Tu «historia» son todos los datos que has recogido acerca de lo que te ha pasado en tu vida, y la realidad que te has fabricado acerca del tipo de persona que eres tú y que son las demás personas, y de cómo os hicisteis así todos.

Por ejemplo, cuando yo era niño, a los ocho años más o menos, me echaron al agua. Yo todavía no sabía nadar, de modo que estaba jugando y bañándome con un flotador hecho de una cámara de neumático, cuando unos chicos mayores y brutos decidieron sin más echarme al agua donde cubría mucho más que mi altura. Ellos no sabían que yo no sabía nadar, pero yo sí que lo sabía, y no olvidé jamás aquel miedo helado, que se convirtió en seguida en terror desenfrenado mientras me debatía en el agua intentando llevarme aire a los pulmones. Desde entonces pasé muchos años sin acercarme al agua, hasta bien entrada mi edad adulta. Al menos, sin aventurarme más allá de donde hacía pie.

Todos nosotros tenemos historias como éstas, y todos tenemos un millón de historias así. Nuestras historias están compuestas de incidentes grandes y pequeños que se extienden a lo largo de una vida. Nos convertimos en la suma total de estos encuentros... a no ser que lo evitemos. En un momento dado podemos soltar una idea que albergamos acerca de nosotros mismos y de los demás, porque comprendemos que es necesario soltarla si queremos seguir adelante en la vida.

La felicidad no la encontrarás nunca en tu historia; sólo la encontrarás en tu decisión más nueva y más grandiosa acerca de ti mismo y de los demás. Esto puede significar tener que decirte a ti mismo, respecto de muchas cosas que han sucedido: «Eso fue "entonces"; y esto es "ahora"». Ninguna de esas cosas ejerce ninguna relación sobre lo que está sucediendo en este momento.

Un chico se ha criado con una madre dominante, exigente, crítica, a la que nada le parecía bien. El chico se marcha de casa de su madre a los dieciocho años y sigue viviendo su vida, a la que parece que se ha adaptado bastante bien. A los veintitrés, se enamora y se casa. Unos meses más tarde, a su esposa le molesta un poco una conducta de él. (Puede que no se trate de nada importante. Puede llegar a ser algo muy insignificante. Que él se olvida siempre de poner el tapón en la pasta de dientes...) Ella se lo comenta, y él estalla. «;Eh! [No me agobies! No- me-agobies.» Ella lo mira, atónita. ¿De dónde ha salido esto?

Ha salido de su mente reactiva. Pero la invitación transformadora es para que salgas de tu mente creativa. Es para que te crees a ti mismo completamente nuevo, como quieres ser, no como has sido siempre. Aunque hayas tenido buenos motivos para ser como has sido siempre.

Es importante que entiendas que tu mente subconsciente no conoce la diferencia entre el Entonces y el Ahora. Guarda todos los datos en un lugar donde no existe el tiempo. Por eso te puedes despertar una noche cubierto de sudor frío por haber soñado con una cosa que pasó hace veinte años. Tu mente sub- consciente (que, dicho sea de paso, controla la mayor parte de los sistemas de tu cuerpo) no sabe que lo que estás recordando no está sucediendo en realidad.

Reaccionar es ni más ni menos que lo que la misma palabra indica. Es actuar (accionar) otra vez como actuaste antes. Éste es un camino que conduce con toda seguridad a la infelicidad, pues la felicidad máxima se encuentra en la creación, no en la reacción.

Lo que estoy diciendo aquí es que lo que te está invitando a hacer la vida es a vivirte a ti mismo y vivir el momento que estás viviendo en cualquier cuando/donde determinado, tal como tú quieres vivirte a ti mismo, y no como solías vivirte a ti mismo.

Se te invita a que renuncies a tu identidad anterior, a que abandones tus ideas viejas acerca de ti mismo, y a que te figures que la vida ha vuelto a comenzar para ti ahora mismo, al menos en lo que respecta a las decisiones más importantes respecto de quién eres y de cómo te van las cosas. En algunos círculos, a esto se le llama volver a nacer.

6. Ten sólo preferencias

Muchas personas se hacen infelices a sí mismas simplemente porque les resulta imposible aceptar la vida tal como se está presentando aquí mismo, ahora mismo. Nada les parece lo bastante bueno y nada está bien del todo. Como en el cuento de la princesa y el guisante, estas personas no pueden sentirse cómodas de ninguna manera con su situación ni sus circunstancias, con su entorno o con sus compañías. Nada funciona, nada es lo bastante bueno, lo bastante rápido, lo bastante grande. Son unas personas que siempre encontrarán el motivo para no ser felices del todo, mientras exista eso que llamamos tiempo meteorológico. No son capaces de celebrar lo que es, sino que necesitan, más bien, quejarse de lo que no es.

Celebrar o quejarse: ésta es la opción de cada momento. Si eliges lo primero en vez de lo segundo, tu vida podrá llenarse de sonrisas para siempre.

Verás, existe una manera de ser más felices que Dios, y consiste en no exigir que nada sea diferente en ningún sentido de como es ahora mismo.

Esto no significa que no aspires nunca a cambiar nada. Sí que significa que no bases tu felicidad en si se está produciendo o no ese cambio. Es una cuestión de dejar de vivir la vida a base de adicciones y pasar a vivirla a base de preferencias.

Si te ofrecen una copa de helado de vainilla y la verdad es que prefieres el de chocolate, no tiene nada de malo que indiques tu preferencia; de hecho, es muy sano que la indiques. («Muchas gracias, muy amable. Pero, con su permiso, ¿hay helado de chocolate, por casualidad? A decir verdad, ies el que más me gusta!»)

El fruto de estas palabras sinceras puede ser que te acaben dando el helado que más te gusta! Y lo peor que puede pasarte es que te tengas que conformar con el de vainilla, lo cual tampoco está mal, pues tu afición al helado de chocolate no es para ti más que una preferencia y no una adicción.

Siempre podrás saber si tienes adicción a algo, en vez de simplemente preferirlo, observando si la falta de ese algo te hace perder la felicidad.

En el ejemplo anterior, estamos suponiendo que no serías infeliz si no te dieran helado de chocolate, sino que estarías contento con el de vainilla. Por tanto, el helado de chocolate no es más que una preferencia y no una adicción.

La idea para la vida consiste en convertir tus adicciones en preferencias. Encontré por primera vez este concepto en el libro extraordinario de Ken Keyes Hacia la expansión de la conciencia. Recomiendo a todos este libro de visión profunda.

Las adicciones se transforman en preferencias por el sencillo método de observar sinceramente cuánto te perderías de verdad si no tuvieras lo que crees que quieres y que necesitas aquí mismo y ahora mismo. Suele ser con frecuencia mucho menos de lo que te piensas.

Lo que estoy diciendo aquí es que, mientras se esté viviendo la vida, siempre habrá algo que celebrar. Ver el vaso medio lleno, más que medio vacío, es algo más que un aforismo ñoño. Es la clave de la felicidad perdurable.

Si sales de tu historia el tiempo suficiente para echar una mirada a la vida con sinceridad y para darle una oportunidad, advertirás que la vida te está presentando ahora mismo y casi a cada momento todo lo que necesitas para estar satisfecho y en paz. Lo único que tienes que hacer para vivirlo así es cambiar tus requisitos para este momento presente.

El cambio de requisitos es muy sencillo, en realidad. No es más que una cuestión de cambiar de opinión acerca de lo que necesitas ahora mismo. La verdad es que no necesitas nada en especial. La «Necesidad» es una de las Diez Ilusiones de los Seres Humanos. No es real. A ti te puede parecer un desafío asumir esta idea dentro de tu realidad vital, pero quizá no te cueste tanto esfuerzo ver que la mayoría de las cosas que te parecía que no podías vivir sin ellas no las necesitabas en realidad. Habrás encontrado una manera no sólo de existir sin esas cosas, sino de sonreír, reír y ser feliz sin ellas.

El «Requisito» es otra de las Diez Ilusiones de los Seres Humanos (puedes ver la lista completa, con su explicación, en el Apéndice). Es la ilusión de que existe algo que debes tener absoluta y necesariamente para poder vivir. Pero no hay nada que debas tener aparte de lo que ya tienes ahora mismo, que es el Yo tal como es en realidad. No puedes morir, y tu vida no puede terminar, porque tú eres la vida misma manifestada. Cuando hayas entendido esto, ya no temerás a la muerte, y entonces ya no temerás a la vida. Tampoco volverás a sentir una necesidad apremiante y visceral de nada en particular. Esto lo cambia todo.

7. Ve la perfección

Velo todo tal como es: el suceso perfecto, que viene en el momento perfecto para proporcionarte la oportunidad perfecta de expresar de la manera perfecta aquello que es la Perfección Misma. En su relación personal contigo, la perfección es el Yo que has elegido ser y que ahora optas por demostrar y vivir.

Ésta es una cosa que la mayoría de la gente no es capaz de admitir y que se niega a reconocer; pero es la verdad acerca de ti; y Dios lo sabe. Lo que he aprendido yo a consecuencia de mis tratos directos con Dios es que yo soy íntegro, Completo y Perfecto tal como soy. Y tú también lo eres.

Esto se aplica igualmente al sabio y al pecador, al ángel y al canalla. En el mundo de Dios no hay pecadores ni canallas. Sólo hay Individualizaciones de la Divinidad, algunas de las cuales han olvidado Quiénes Son de Verdad.

En cada uno de los momentos dorados del Ahora tenemos la oportunidad de aprovechar ese momento, y todo lo que encierra y ofrece, para recordar

Quiénes Somos de Verdad; y, a continuación, para demostrarlo. La vida nos otorga los dones de la eternidad y del infinito para que podamos conocernos a nosotros mismos en nuestras propias vivencias... y para que, después, nos recreemos a nosotros mismos de nuevo en la próxima versión, la más grandiosa, de la visión más grande que hayamos tenido nunca de Quiénes Somos.

Éste es el proceso que llamamos evolución. Éste es Dios diosando.

Lo que estoy diciendo aquí es que no juzgues ni condenes a las personas ni los sucesos que te pone delante la vida, sino que mantengas la conciencia plena de que tú, tú mismo, te los has atraído, para que puedas cumplir todas las posibilidades de la vida, su promesa y su propósito.

William Shakespeare escribió: «Nada es malo hasta que nuestros pensamientos lo hacen malo». Nos estaba diciendo que una cosa es lo que la queramos llamar. Con esta idea nos entregó las llaves del reino.

8. Sáltate el drama

Recuerda que nada tiene más significado que el que tú le atribuyas. Repítelo mentalmente, en silencio, en cualquier momento de estrés o de alteración: Nada tiene más significado que el que yo le atribuyo.

Es una variante de las palabras de Shakespeare que acabamos de citar, y la primera vez que las vi expresadas de este modo fue en Un curso de milagros. Estas diez palabras pueden cambiar toda tu manera de vivir la vida. Pueden frenar en seco el drama. Pueden partir por la mitad la confusión y la angustia emocional. De hecho, pueden llegar a eliminarlos por completo.

Apréndete de memoria esas diez palabras y utilízalas a modo de mantra cuando te parezca que se te está estropeando el día... o la carrera profesional, o la vida de pareja, o cualquier otra cosa que hayas preparado y trabajado con tanta dedicación. Recuerda que en muchos casos en que parece que se nos está estropeando la vida, lo que pasa es que se nos está arreglando por primera vez.

Cuando yo me alteraba por las cosas cuando era niño, mi madre me decía: «¿Qué importancia crees que tendrá esto cuando tengas noventa años?». Esto me tranquilizaba un poco, evitando que cayera en excesos emocionales que no eran buenos para nadie, y mucho menos para mí.

«Si crees que dentro de noventa años vas a estar sentado en tu mecedora, en el porche de tu casa, preocupado por esto, preocúpate ahora. Si crees que entonces vas a estar alterado por esto, altérate ahora. Si no lo crees, déjalo sin más.» Esto es lo que me decía mi madre.

Me encanta esta palabra, «déjalo». Déjalo...

Respira hondo y relájate.

Lo que estoy diciendo aquí es que no te precipites a ponerte en modo de «reacción» en cuanto aparezca una energía negativa. Trabaja duro contigo mismo para quedarte en el espacio de «creación». Date cuenta de que lo que estás viendo puede ser simplemente el funcionamiento de la Ley de los Opuestos, que ejerce su efecto en el Proceso de la Creación Personal. Adopta una postura de agradecimiento siempre que puedas. . . y no dudes en servirte del humor para alcanzar esa postura. Yo he descubierto que el mejor es el humor con el que te ríes de ti mismo. Es lo mejor de todo, sin discusión. Para acabar con los reveses y el drama innecesario de mi vida, todo lo que tengo que hacer es reírme de mí mismo. Es una excelente medicina.

9. Entiende la tristeza

No es lo mismo la tristeza que la infelicidad. Mientras escribía este libro murió mi perrita, Lady. Me había hecho compañía durante más de catorce años. Los últimos doce meses había padecido cada vez más dolores, por diversos achaques y enfermedades. Al final estaba completamente sorda y apenas era capaz de andar. En sus últimos días no podía levantarse siquiera.

Cuando murió, me puse triste, pero no infeliz.

¿Captas la diferencia?

No se trata de una diferencia sin importancia ni de un matiz trivial.

Yo estaba triste porque Lady ya no estaba conmigo, pero feliz porque ya no sufría. Estaba feliz, muy feliz, porque había seguido su camino, celebrando su Día de la Continuación.

Hasta me sentía «feliz de estar triste», porque mi tristeza me decía algo acerca de mí mismo. Me decía que yo tenía cariño. Me decía que yo tenía amor. Me decía que yo era un ser humano y que, a pesar del aspecto que estaba adquiriendo el mundo a mi alrededor, insensibilizador para todos, yo había mantenido el contacto con mi humanidad.

Sí, estaba feliz de mi tristeza y de lo que me decía acerca de Quién Soy. Mi tristeza me hacía sentirme bien.

Tu tristeza no tiene por qué hacerte infeliz. Tu tristeza, como señal de tu situación en tu camino evolutivo, puede servirte de confirmación interior de la profundidad de tus sentimientos y, por tanto, de quién eres como persona y como ser espiritual.

Por eso, cuando muera alguien, consiéntete a ti mismo sentir duelo. Cuando alguien te haga daño, permítete sentir tristeza. Y sobre todo cuando haces daño a otra persona, permite que tu arrepentimiento vaya acompañado de tristeza. Otórgate a ti mismo el don de la tristeza, y verás cómo sanas más deprisa de todas las vivencias que te inspirarían la tentación de olvidarte de tu identidad plena.

Lo que estoy diciendo aquí es que tu tristeza acerca de cualquier cosa no debe impedirte ser más feliz que Dios, más feliz de lo que fuiste antes. La felicidad es acumulativa. Cuanto más la sientes, mayor se hace. Ahora me siento más feliz que en los días anteriores a cuando Lady se acostó por última vez. Me siento más feliz que cuando tenía cincuenta años, más feliz que cuando tenía treinta años; de hecho, me siento más feliz que nunca en mi vida.

Y he aprendido a acomodar mi tristeza y a tenerla dentro de mi felicidad, convirtiéndola en una parte maravillosa de ésta. He aprendido, en efecto, que «la felicidad» se alcanza por el proceso sencillo de abrazar toda la vida tal como es.

10. Deja de discutir con la vida

Una gran proporción de la falta de felicidad que sentimos en nuestras vidas es consecuencia de nuestros juicios de valor. Tendemos a juzgarlo todo. A las personas que nos rodean, las circunstancias que presentan éstas, los hechos del momento y, naturalmente, a nosotros mismos.

Hay personas que no pierden una sola oportunidad de adoptar su postura de juicio de valor. Es casi como si estuvieran juzgando la vida misma. Constantemente.

Lo que resulta especialmente interesante acerca de la mayoría de los juicios humanos es que la gente ni siquiera se basa en una medida objetiva para llegar a sus conclusiones. En general, aplican una vivencia anterior, sus ideas propias, su propia «historia», como base para tomar una decisión sobre otra persona.

Naturalmente, nunca se les ocurre que bien podrían ser sus propias vivencias, sus ideas, su «historia», las que estén algo desviadas. He observado esto con el distanciamiento suficiente para llegar a la conclusión de que probablemente yo mismo lo esté haciendo así. Por eso me he esforzado mucho en sustituir los juicios a los demás por la reflexión sobre mí mismo.

Cuando siento la tentación de juzgar a los demás, miro dentro de mí para determinar cuándo obré yo de esa manera en mi vida; cuándo produje yo esos resultados en mi vida; cómo es posible que yo cometiera tales errores en mi vida. De pronto, me llega una oleada de compasión que barre los juicios de valor y que hace imposible una condena por mi parte.

Lo que estoy diciendo aquí es que en un corazón que tiene amor no hay lugar para los juicios de valor. Pero recuerda que juzgar no es discernir, y observar no es juzgar. Saber discernir es muy saludable, y hacer observaciones es muy natural. Una observación dice: «Esto es así». Un juicio de valor dice: «Esto no debe ser así».

Sobre todo, no te juzgues a ti mismo; pues Dios no te juzgará jamás. No; ni ahora ni nunca. Esta es la verdad que está detrás de la verdad. Esta es la verdad que no se puede pronunciar. Esta es la blasfemia de entre las blasfemias. El Juicio y la Condena se cuentan entre las Diez Ilusiones de los Seres Humanos. Sencillamente, no son reales.

11. Abandona todas las expectativas

Nada representa un obstáculo mayor para la felicidad duradera (o incluso para la felicidad a corto plazo) que las expectativas. Abandónalas ahora mismo y no vuelvas a albergarlas jamás, acerca de nada ni de nadie.

Olvídate de cómo crees que «deben ser» las cosas. En el universo no existe el «debe ser». El «debe ser» es una invención humana que no tiene nada que ver con la realidad última. Debes saber que los giros y los desvíos que nos apartan del camino que creíamos que íbamos a seguir no son rodeos en absoluto, sino que son el camino más rápido que conduce de donde estamos a donde queremos estar. De lo contrario, no lo seguiríamos.

Confía en que Dios sabe lo que hace. Debes saber que la vida siempre está conspirando a tu favor. Entiende que las expectativas no son más que la idea que tienes acerca de algo, y que esta idea no tiene ni puede tener en cuenta el tejido complejo de los viajes vitales que todos emprendemos de manera secuencial y simultánea, en la vivencia cocreativa y colectiva del Alma Única expresada a través de los Muchos.

Dicho de otro modo, aquí pasan más cosas de las que se aprecian a simple vista. Hay más de un programa de trabajo. El objetivo es único, pero el proceso es múltiple.

Si eres consciente de ello constantemente, descubrirás que el hecho de aferrarte a las expectativas sólo sirve para encrespar el Plan Perfecto y su representación en el escenario de la vida por todos los actores.

Lo que estoy diciendo aquí es que las expectativas marcan un límite al modo en que defines la perfección, y que este límite constriñe tu creación de la perfección misma. Por tanto, no esperes nada y acepta todo lo que recibas. Acoge todo lo que se presente. Ama lo que es.

Byron Katie escribió hace unos años un libro extraordinario titulado “Amar lo que es”: cuatro preguntas que pueden cambiar tu vida. A mí me encanta.

12. Ten compasión contigo mismo

 
No te consideres «malo» por ninguna vivencia negativa con que te encuentres ahora (aunque tengas la sensación de que «te lo mereces» o de que «tú te lo has buscado»; de hecho, sobre todo si tienes esta sensación). En vez de ello, ten compasión con tu propio Yo y sabe que Dios te ha dotado del poder interior necesario para cambiarte a ti mismo, para cambiar tus motivos, tus conductas, tus circunstancias externas y tu vida misma, de aquí a un instante.

Recuerda siempre que tú no eres tu pasado; que tú no eres quien eras ayer, ni siquiera quien eras hace un momento. Que cada nuevo día, cada nueva hora, cada nuevo momento, señalen un nuevo comienzo. Aunque estés en el último momento de tu vida, no será demasiado tarde para declarar tu próxima identidad, la más grandiosa, y para asumirla.

Lo que estoy diciendo aquí es que la transformación es una cosa instantánea-momentánea, que tenemos abierta y disponible a cada segundo. La vida comienza de nuevo cuando tú lo dices. Por eso, sé delicado contigo mismo acerca de ti mismo. Perdónate con un beso tus (supuestos) defectos, debilidades y faltas, y recuerda siempre lo siguiente: si te vieras a ti mismo tal como te ve Dios, sonreirías mucho.

13. Di tu verdad en cuanto la conozcas

 
La mayor lección que he aprendido en mi vida está relacionada con la verdad. No existe la Verdad Absoluta en el sentido objetivo; pero sí existe la verdad subjetiva; existe lo que es verdad para ti; y esto tiene una importancia extraordinaria para tu vida.

Aspira a vivir de manera auténtica; aspira a ser plenamente tú mismo; pues cuando vives enseñando sólo la mitad de ti, dando a conocer sólo la mitad de ti, expresando sólo la mitad de ti, es cuando tienes garantizada la infelicidad.

No ocultes a nadie tu verdad personal, tus sentimientos auténticos, tu vivencia aquí-y-ahora; ni mucho menos los ocultes a tus seres más queridos ni a tu persona amada.

Es interesante que éstas suelen ser las personas a las que más cosas ocultamos. Solemos hacerlo porque no queremos herirlas en sus sentimientos. O quizá porque no queremos perder a esas personas.

Por eso las mantenemos en su lugar a base de mantenerlas en duda, de tenerlas a oscuras, de no decirles todo lo que es nuestra verdad. Esto es exactamente lo contrario de lo que más nos puede beneficiar; pero vivimos como recluidos de la expresión de nuestros sentimientos, esperanzas, temores y deseos más auténticos. Y eso no es vivir en absoluto; eso es morir.

Es una muerte lenta, pero segura. Y una mañana nos despertamos y, sencillamente, ya no nos sentimos vivos.

Así pues, di tu verdad en cuanto la conozcas. No te pienses que estás protegiendo los sentimientos de otra persona a base de callarte o de guardarte cosas. Un maestro maravilloso me dijo una vez: «Di tu verdad, pero alivia tus palabras con paz». Puedes exponer la más difícil de las verdades con delicadeza. Hazlo así. No te pienses que estás evitando dolor a otros a base de callarte tu verdad. No es así. Los estás matando dulcemente con tu canción. Y eso es falso y poco sincero por tu parte.

Lo que estoy diciendo aquí es que el camino para ser más felices que Dios es el camino de la verdad. Di la verdad a todos y acerca de todo, y vive tu verdad a cada momento y de todas las maneras, y así serás feliz para siempre en tu corazón; pues la verdad eleva el espíritu, la verdad libera la mente, la verdad abre el corazón y la verdad enciende la pasión y libera el amor del alma.

14. Observa las energías, atrapa las vibraciones

Observar las energías que te rodean. Escuchar las energías. Percibir las vibraciones. Éstos son los tres niveles de la recepción. Puedes recibir energías viéndolas, oyéndolas y sintiéndolas.

La energía que ves se llama luz. La energía que oyes se llama sonido. La energía que sientes se llama sentimiento.

El sentimiento es el lenguaje del alma.

Presta atención a las energías de la vida. Las estás recibiendo y enviando a cada instante. ¿Están en resonancia las energías que envías con las energías que recibes?

La felicidad es el estado de resonancia más elevado. Esta noticia es muy interesante, pues significa que la felicidad no es algo que nos caiga del cielo, sino que es algo que podemos crear.

Para crear felicidad te basta con crear resonancia entre tu interior y tu exterior. Por ejemplo, puedes conjuntar la energía de la ropa que te pones con el estado de ánimo en que te encuentras hoy. De hecho, esto lo haces de manera automática. Puedes conjuntar la energía de los alimentos que comes con la energía de tu cuerpo en cualquier momento dado.

Estos ejemplos son sencillos. Aprende a escucharte a ti mismo. Siente las vibraciones de quien eres, y no hagas nada ni estés con nadie de una manera importante si las vibraciones no concuerdan.

Yo soy incapaz de ir a ver una película, ni de escuchar música, ni de comer algo, ni de ponerme ropa, ni siquiera de decir palabras ni de albergar pensamientos con los que no esté en resonancia.

Estas cosas las sientes. Puedes pasar la mano por encima de unos alimentos y sentir, literalmente, si te sientan bien ahora mismo. Puedes sentir a la gente, los espacios, los colores y... sentirlo todo, si prestas atención. Presta atención a tu vivencia exterior y presta atención a tu vivencia interior. Asegúrate de estar en resonancia con las personas, con los lugares y con las cosas que te rodean.

Y escucha. Simplemente, escucha. Escuchar es un gran arte. ¿Sabes que puedes hacer felices a las personas con sólo escucharlas? ¿Sabes que te puedes hacer feliz a ti mismo a base de escuchar a los demás? Escuchar es una de las maneras más ricas de hacer el amor.

Está cargada de gratificaciones, cargada de gozo.

Intenta absorber todo lo que está pasando en tu espacio. Después, mira a ver si hay concordancia. Y si no hay concordancia, rehúye ese espacio.

Lo que estoy diciendo aquí es que, cuando sigues este paso, tienes muchas más posibilidades de ser feliz. No hace falta «seguir la corriente» para poder «llevarse bien». Presta atención a la energía, capta las vibraciones, y si está en resonancia con Quien Eres y con Quien Eliges Ser, fusiónate con ella y cocrea con ella. Pero si la energía y las vibraciones no están sincronizadas con Quien Eres y con Quien Eliges Ser, apártate de ellas. No de manera brusca, ni grosera, ni con juicios de valor, sino con suavidad, con dulzura, con delicadeza, con amabilidad... y con decisión. No cambies de opinión diciéndote: «Bueno, esto lo puedo aguantar...». Cambia tu vivencia.

Prestar atención a las energías y a las vibraciones de la vida te puede hacer cambiar tu alimentación, tus hábitos de lectura, lo que ves en televisión y en el cine, tu manera de vestir, tu manera de hablar... hasta te puede hacer cambiar de compañías.

Da la bienvenida a estos cambios. Son los primeros pasos del viaje a la dicha.

15. Sonríe

Esto puede parecer una tontería, pero es uno de los recursos más poderosos que me he encontrado en mi vida. Sonríe cinco veces al día sin ningún motivo especial. Y, desde luego, y claro está, sonríe en seguida, ampliamente, cuando sí tengas algún motivo para sonreír.

Hay personas que no sonríen nunca, o muy rara vez. No son capaces de sonreír ni siquiera cuando todos los presentes se están riendo a carcajadas. Estas personas pueden ser simplemente tímidas, o pueden tener un dolor profundo. Pero lo importante es saber que la sonrisa es capaz de curar estas dos dolencias. La sonrisa no tiene por qué ser un mero acto reflejo. La sonrisa puede ser un acto deliberado e intencionado. Cuando lo es, se convierte en un acto de creación y, por tanto, en una herramienta poderosa.
Sonríe con facilidad y comparte con facilidad tu sonrisa con los demás.

Iluminarás tu corazón, e iluminarás también el lugar donde estés.

Hace años encontré un libro estupendo, “Sonríe, aunque no tengas motivo”, de Lee L. Jampolsky. Léelo; lo encontrarás maravilloso.

Lo que estoy diciendo aquí es que ¡hay que sonreír más! La sonrisa cambia, verdaderamente, las vibraciones de tu cuerpo. Modifica fisiológicamente la química de tu ser. Libera endorfinas de efecto salutífero. ¿Lo sabías? Lo dice la ciencia médica, y es verdad.

16. Canta

Si lo anterior te pareció ñoño, ¡a ver qué te parece esto! Canta.

Quiero que me prometas que vas a cantar una vez al día por lo menos. Prométemelo. Lo cambiará todo. No puedes cantar con mala disposición. Y no puedes mantener una mala disposición mientras cantas.

¡Canta todas las mañanas en la ducha!. ¡Canta en el coche!. Canta bajito al oído de tu persona amada. Canta en voz alta en el parque. ¡Mira cómo se ilumina lo que te rodea!. ¡Mira cómo aparecen las sonrisas! ¿Crees que alguien puede resistirse a una persona que está cantando? ¿Crees que puede resistírsele el mundo?

Cantar conecta la mente con el corazón y el corazón con la mente. De manera que canta. ¡Te reto a que lo hagas!

Lo que estoy diciendo aquí es que las herramientas y los recursos con los que podemos crear la felicidad son muy sencillos, tienen una sencillez elegante. Y los tenemos delante. ¿De qué estamos hablando aquí? De dar. Observar. Escuchar. Sentir. Sonreír. Cantar. ¡Dios mío, son cosas que no nos cuestan nada!

17. Sabe lo que debes hacer cuando las cosas están verdaderamente mal

Está claro que hay ocasiones en que las cosas están verdaderamente mal. Eso no se puede cambiar ni con todo el pensamiento positivo del mundo. Las cosas son lo que son. No puedes taparlas, ni fingir, ni convertir una cosa en lo que no es.

Qué hacer, qué hacer...

En primer lugar, no te resistas a lo que está pasando. A lo que te resistes, persiste. Te va a parecer raro, pero... bendícelo. Bendice a todas las personas y todos los hechos que te están desilusionando, que te están asediando, que te están asaltando como flechas lanzadas desde lejos.

Acepta y recibe la energía, porque sólo así podrás sanarla. Lo que no mantienes, no lo puedes sanar. Recuérdalo siempre. Lo que no mantienes, no lo puedes sanar. Por eso, debes mantener tu experiencia, abrazarla, relacionarte con ella con bondad amorosa, bendecirla... y, después, despedirla para que siga su camino.

En segundo lugar, recuerda que las circunstancias exteriores no pueden crear jamás circunstancias interiores. Así pues, por muy mal que se pongan las cosas, lo que es exterior a ti no puede afectar de ningún modo a tu interior (a tu corazón, tu alma y tu mente), salvo en la medida en que tú decidas que lo afectará.

Todavía tienes el control de tu propia vivencia.

Éste no es ningún ideal soñado, absolutamente inalcanzable; es una cosa que podemos hacer todos los seres humanos, y muchas personas lo han demostrado. La lista de los que han soportado penalidades enormes y grandes dificultades en sus vidas sin dejar de abrazar una actitud pacífica, libre de condenas y de ataques, es legendaria, y es demasiado larga para reproducirla aquí.

Son personas normales, gente corriente como tú y como yo. Estas personas mantuvieron su equilibrio soportando el dolor físico, las heridas emocionales, las derrotas personales y profesionales, y más cosas. Ya he hablado en este libro de Nelson Mandela. No es más que un ejemplo de las personas de las que estoy hablando. Otro ejemplo es el de Christopher Reeve, cuya brillante carrera quedó truncada brutalmente cuando el actor sufrió una caída de caballo en una exhibición ecuestre y quedó completamente paralizado hasta el cuello. Han existido otros muchos casos. ¿Cómo lo consiguieron?

Buscaron y encontraron dentro de sí, de alguna manera, el valor que les permitió seguir adelante entre los hechos a los que tenían que hacer frente, enmarcarlos en sus mentes de una manera nueva y transformar y moldear así sus vivencias, convirtiéndolas en algo que les podría hacer crecer... y obtener así, incluso, un beneficio.

Mi propia experiencia vital (pasé un año de mi vida viviendo sin hogar, a la intemperie, como un «sin techo», cuando el sistema de Seguridad Social no bastó para cubrirme y me vi reducido, literalmente, a mi última moneda de cinco céntimos) me ha enseñado que el universo es un lugar amable, que Dios está siempre de mi parte, y que nunca estoy solo ante las pruebas y el tumulto de mi vida.

Me he vuelto muy filosófico acerca de la vida misma. Me digo que todas las cosas suceden para el bien superior, y lo creo así. Repito dos oraciones que me encantan. La primera dice así:

Querido Dios, te doy las gracias hoy por lo que hay en mi mundo y en mi vida. Mi corazón reposa en el conocimiento de que veré que el dolor se vuelve gozo; la tristeza, alegría, y hasta la muerte, vida eterna.

La segunda: Querido Dios, te doy las gracias por haberme ayudado a entender que este problema ya ha sido resuelto para mí.

Con esto puedo dar la impresión de ser una persona que mantiene siempre la tranquilidad; pero te aseguro que no soy así. Lo que sí sé es que estoy aquí haciendo un viaje; un viaje que, a la larga, no tiene nada que ver con mi cuerpo y lo tiene todo que ver con mi alma. Y así sigo mi camino hacia mi Casa, entendiendo que cada paso en el camino me acerca un poco más a mi reunión futura, última y maravillosa con Dios, donde reside la paz, el gozo y el amor sin fin.

Lo que estoy diciendo aquí es que Dios está contigo, hasta el final de los tiempos. Y cuando conozcas el amor omnipresente de Dios, en ti y como tú mismo, serás más feliz de lo que has sido nunca.