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miércoles, abril 28

"GLOSARIO-ÍNDICE PARA UCDM" (Kennett Kapnick)

Un Curso de Milagros distingue entre dos mundos: Dios y el ego, conocimiento y percepción, verdad e ilusión. Rigurosamente hablando, cada aspecto del mundo perceptual de la post separación refleja al ego. Sin embargo, el Curso subdivide aún más el mundo de la percepción entre mentalidad errada y mentalidad correcta.

Dentro de esta estructura el Curso casi siempre utiliza la palabra “ego” para denotar la mentalidad errada, mientras que la mentalidad correcta pertenece al dominio del Espíritu Santo, que enseña el perdón, como la corrección del ego.

Así pues, podemos hablar de tres sistemas de pensamiento: Mentalidad Uno, que pertenece al conocimiento y mentalidad errada y mentalidad correcta, las cuales reflejan el mundo de la percepción. Esta exposición teórica seguirá esta visión tripartita de la mente.

La gráfica que se incluye resume la descripción que el Curso hace de la mente, debe examinarse conjuntamente con las referencias siguientes del Curso, que tratan sobre la relación del espíritu con mente y espíritu con ego, y los tres niveles de la mente:


Un Curso de Milagros, por lo tanto, está escrito en dos niveles, los cuales reflejan dos divisiones básicas.

El primer nivel presenta la diferencia entre la Mente Uno y la mente separada, mientras que el segundo nivel contrasta la mentalidad errada con la mentalidad correcta, que son parte de la mente separada.

En este primer nivel, por ejemplo, el mundo y el cuerpo son ilusiones fabricadas por el ego, y por consiguiente, simbolizan la separación. El segundo nivel se refiere a este mundo donde creemos que estamos. Aquí, el mundo y el cuerpo son neutrales y pueden servir a uno de los dos propósitos. Para la mente errada del ego, estos son instrumentos para reforzar la idea de separación, mientras que para la mente correcta del Espíritu Santo, son los mecanismos de enseñanza con los que podemos aprender Sus lecciones de perdón.

En este nivel las ilusiones se refieren a las falsas percepciones del ego; ejemplo, ver ataque en lugar de una demanda de amor; ver pecado en vez de error.

Así pues el Curso se centra en nuestros pensamientos, no en las manifestaciones externas, las cuales son las proyecciones de dichos pensamientos. Como dice el Curso “Este es un Curso acerca de causas y no de efectos” (T-21. VII. 7:8).(Pag.518). Se nos exhorta a que no tratemos de cambiar el mundo (efecto), sino de cambiar de mentalidad (causa) acerca del mundo. (T-21. Int. 1:7). Pag.399.

Cuando la lección 193 afirma “Perdona y esto desaparecerá, aunque no forzosamente la manifestación física del problema”. Por ejemplo, si la lluvia amenaza los planes que nos hemos propuesto y eso nos entristece y perturba, no debemos rezar para que salga el sol, sino más bien rezaremos para recibir ayuda y poder ver las inclemencias del tiempo como una oportunidad que hemos elegido para aprender una lección de perdón, que el Espíritu Santo puede enseñarnos. Esto no significa negar que el ego puede afectar el mundo físico, sin embargo como ese mundo físico es inherentemente ilusorio y el resultado de nuestros pensamientos, el énfasis del Curso es en la corrección de estos pensamientos equívocos o distorsionados, que son siempre la verdadera fuente de cualquier problema. Esta corrección permite que el Espíritu Santo pueda guiar nuestro comportamiento en el mundo.

Mentalidad -Uno

La mentalidad Uno de Cristo es el mundo del Cielo, del conocimiento; el mundo anterior a la separación del espíritu, amor, verdad, eternidad, infinitud, y realidad donde la unidad de la creación de Dios, – la suma de todos Sus Pensamientos – permanece intacta.

Es el estado natural de comunicación directa con Dios y Su creación que existía antes de que la mente del Hijo de Dios pensara en la separación. En este estado se mantiene la perfecta unión de la Trinidad.

La Trinidad consiste en: 1) Dios, el Padre, 2) Su Hijo, Cristo, nuestro verdadero Ser, y 3) el Espíritu Santo, la Voz que habla por Dios. Dentro de la Segunda Persona de la Trinidad se incluyen nuestras creaciones, las extensiones de nuestro Ser o espíritu. La Segunda persona de la Trinidad no se identifica exclusivamente con Jesús, quien es parte de Cristo, igual que todos nosotros.

Mentalidad errada

El ego consiste en tres conceptos fundamentales:

1. Pecado: la creencia de que nos hemos separado de Dios.

2. Culpa: la experiencia de haber pecado, de haber hecho algo malo, lo cual emana de nuestra creencia de que hemos atacado a Dios y hemos usurpado Su papel como primera Causa, convirtiéndonos en nuestra primera propia causa.

3. Miedo: la emoción que inevitablemente se deriva de la culpa, y que procede de nuestra creencia en el pecado y se fundamenta en el pensamiento de que merecemos ser castigados por el dios de venganza fabricado por el ego.

Para asegurar su supervivencia, el ego continuamente atrae la culpa hacia sí mismo, puesto que la culpa comprueba la realidad del pecado y fue éste el que dio origen al ego.

Una vez establecida que la culpa es real, el ego nos enseña que no debemos acercarnos a ésta o ni tan siquiera mirarla, porque si lo hacemos, seremos destruidos por un dios airado y vengativo – un dios que el ego fabricó, en efecto, para satisfacer su propósito– dispuesto a castigarnos por haber pecado en contra suya, si no seremos aniquilados en el olvido de nuestra propia nada,

Este miedo mantiene intactos la culpa y el pecado, pues al no verlos como decisiones de nuestras mentes, jamás podremos cambiar nuestra creencia en ellos.

Abandonados por la ansiedad y el terror causados por el miedo a Dios, nuestro único recurso es acudir al ego en busca de ayuda, puesto que Dios se ha convertido en nuestro enemigo. El plan que utiliza el ego para salvarnos de la culpa tiene dos partes:

La primera es la negación, mediante la cual apartamos la culpa de nuestra conciencia, con la esperanza de que al no ver el problema, éste desaparecerá.

La segunda parte nos exhorta a que después de negar la culpa, la proyectemos sobre otra persona, con la esperanza de que nos liberaremos de ella mágicamente al colocarla fuera de nosotros.

La proyección tiene dos formas principales: las relaciones de odio especial y las relaciones de amor especial.

En las relaciones de odio especial el odio a uno mismo o la culpa se transfiere a los demás hacéndoles responsables de la miseria que sentimos. Nuestra ira o ataque procura justificar la proyección, al reforzar la culpa de los demás por nuestros pecados que hemos proyectado sobre ellos.

Las relaciones de amor especial tienen la misma finalidad de proyectar culpa, aunque la forma difiere grandemente. Nuestra culpa nos muestra que estamos vacíos, insatisfechos, incompletos y necesitados, todos ellos aspectos del principio de escasez.

Al creer que esta carencia jamás puede enmendarse, buscamos fuera a las personas que nos puedan completar. El amor especial, pues, asume esta forma, “tengo ciertas necesidades especiales que Dios no puede satisfacer, pero tú, una persona especial, con atributos especiales, las puedes llenar para mí: Cuando lo hagas te amaré. Si no lo haces, mi amor se convertirá en odio”.

El mundo del ego se divide entre enemigos (odio especial) y salvadores-ídolos (amor especial), y la verdadera identidad de Cristo en los demás se oscurece.

El juicio basado siempre en el pasado más que en la aceptación del presente, es el principio orientador del ego. Por medio de las relaciones especiales el ego mantiene su existencia al perpetuar la culpa, puesto que al utilizar a otros para que satisfagan nuestras necesidades, constituye un ataque, y el ataque en la forma que sea refuerza la culpa.

Esto pone en marcha el ciclo culpa-ataque, en el que a mayor culpa, mayor la necesidad de proyectarla y de atacar a otros mediante las relaciones, lo que simplemente incrementa la culpa, y aumenta la necesidad de proyectarla.

La mentalidad errada del ego es un sueño de separación, muy claramente expresado en el mundo físico que se fabricó como “un ataque a Dios” (L-pll.3.2:1). La existencia del cuerpo es una existen- cia de enfermedad, sufrimiento, y muerte, lo cual da testimonio de la aparente realidad del cuerpo en comparación con el espíritu, el cual jamás puede sufrir dolor o morir.

La crucifixión es el símbolo que utiliza el Curso para referirse al ego y para representar la creencia en el ataque y el sacrificio, donde la ganancia de uno se convierte en la pérdida de otro. Todos los aspectos del mundo separado son ilusiones, puesto que lo que es de Dios nunca puede separarse de Él, y por consiguiente, lo que parece estar separado de Dios, no puede ser real. Esto queda expresado en el principio del curso de que “las ideas no abandonan su fuente”; somos una idea o pensamiento en la Mente de Dios, esta idea jamás abandonó su Fuente.

Mentalidad correcta
La Respuesta de Dios a la separación es el Espíritu Santo, y Su plan para deshacer el ego se llama Expiación.

Un curso de milagros utiliza muchos términos que reflejan el plan del Espíritu Santo, y cada uno es un sinónimo del otro. Estos son: milagro, perdón salvación, curación, mundo real. Percepción verdadera, visión, rostro o faz de Cristo, razón, justicia, instante santo, relación santa, función, sueño feliz, Segunda Venida (Advenimiento), Palabra de Dios, Juicio Final, resurrección, redención, corrección, despertar, y deshacimiento.

Estos términos, por pertenecer al mundo separado de la percepción, se refieren al proceso (el mila- gro), que corrige nuestras percepciones equivocadas, al dejar de escuchar la voz del pecado, culpa y miedo del ego, para escuchar la Voz del perdón del Espíritu Santo.

Así, las relaciones profanas o especiales, se tornan santas. Sin estás relaciones no habría manera de liberarnos de la culpa que el ego nos ha enseñado a sepultar por medio de la negación, y a retener a través de la proyección.

El Espíritu Santo le da la vuelta al ego al convertir el propósito de éste en una oportunidad para contemplar en el otro la culpa que hemos negado, y de este modo, el Espíritu Santo nos la devuelve, lo que nos permite por fin cambiar la idea sobre la culpa.

Si bien la práctica del perdón o el deshacimiento de la culpa, se experimenta en general como un asunto largo y complejo, se entiende substancialmente, constituido por un proceso de tres pasos.

El primer paso, invierte la proyección al percatarnos de que la culpa no está en el otro sino en nosotros mismos.

Segundo, ahora que se ha traído la culpa ante nuestra atención y que reconocemos que su fuente está en nosotros, deshacemos esta decisión eligiendo vernos como los inocentes Hijos de Dios, en lugar de los hijos culpables del ego.

Estos dos pasos son nuestra responsabilidad; el paso final le corresponde al Espíritu Santo, Quién puede liberarnos de la culpa ahora que se la hemos entregado. Al mirarla unidos en Su Amor y por consiguiente, sin juicio ni culpa.

Este mirar sin emitir juicio, con una amorosa sonrisa, es el significado del perdón. Al utilizar el libro de ejercicios como guía, nos entrenamos para poder escuchar la Voz, y aprendemos que todas las cosas son oportunidades para aprender a perdonar.

Sirva como ejemplo ilustrativo de este proceso-aspecto del perdón las referencias que aparecen bajo períodos de inestabilidad y traer la oscuridad (ilusiones) a la luz (de la Verdad) así como la lección 284 del libro de ejercicios (pág. 472). Todas estas reflejan la casi inevitable dificultad que surge cuando uno comienza a tomar seriamente las lecciones del Espíritu Santo y permite que la culpa tan profundamente negada emerja a la consciencia.

Cuando la culpa se deshaga, como consecuencia de que la mentalidad correcta habrá corregido a la errada, el puente que conduce al mundo real se habrá completado. La memoria de Dios alboreará en nuestras mentes, puesto que todas las interferencias se han eliminado y contemplamos la faz de Cristo en todos.

Este mundo de ilusión y separación llega a su fin cuando Dios da el paso final, se inclina y nos alza hacia Sí Mismo. Restituidos a la Mentalidad-Uno de Cristo, “estamos en casa”, donde Dios quiere que estemos.