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viernes, febrero 5

"DESPIERTA DEL SUEÑO" (Kenneth Wapnick)

NIVEL UNO: DIOS O EL EGO
 
El Nivel Uno refleja el drama cósmico que parece enfrentar a Dios con el ego en una lucha por la supremacía.

Son estados que se excluyen mutuamente Dios y el ego, el Cielo y el mundo, la verdad y la ilusión, no hay un punto de encuentro entre ellos.

Por otra parte en el Nivel Dos tenemos las enseñanza práctica del perdón.

El Espíritu Santo es la Respuesta de Dios en el instante en que el pensamiento de separación ocurrió.

En el instante en que la idea de la separación se introdujo en la mente del Hijo de Dios, en ese mismo instante Dios dio Su Respuesta (M-2.2:6).

El Espíritu Santo, como la Voz que habla por Dios, permanece presente siempre en la mente del Hijo dormido. Continuamente provee la respuesta al pensamiento de separación del ego, presente en la mente del Hijo que duerme.

El ego raramente experimenta la presencia del Espíritu Santo como un consuelo. Lo percibe como una intrusión, un ataque que le recuerda a la mente dormida del Hijo el mensaje de la Expiación. El mensaje nos dice: que en verdad la separación jamás ocurrió, por lo cual no es nada más que un sueño ilusorio.

Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe.
En esto radica la paz de Dios (T-in.2:2-4).

La única alternativa que nos queda dentro de la creencia en el estado de post-separación fluctúa entre ser anfitrión de Dios al escuchar Su Voz o ser rehén del ego. Sin embargo, si la mente dormida del Hijo escucha la “ Voz suave” d el Espíritu Santo, despertará del sueño de separación y el ego desaparecerá:

Los Pensamientos de Dios [a través del Espíritu Santo] son inaceptables para el ego porque apuntan claramente al hecho de que él no existe
(T-4.V.2:2).

El ego, para evitar lo que él considera su extinción, tiene que hacer algo.

Incapaz de derrotar a la amorosa Voz de Dios en un encuentro frontal, el ego no obstante puede anular esta Presencia amorosa al convertirla en algo distinto. Aprovechándose de la culpa del Hijo, lo convence de que el Espíritu Santo es el mensajero del furioso Dios vengativo, decidido a destruir al Hijo. Por lo tanto:

La Expiación se convierte en un mito , y lo que la Voluntad de Dios dispone es la venganza, no el perdón. Desde allí donde todo esto se origina, no se ve nada que pueda ser realmente una ayuda. Sólo la destrucción puede ser el resultado final. Y Dios Mismo parece estar poniéndose de parte de ello para derrotar a Su Hijo (T-23.II.8:2-5).

Intensamente enajenado por las mentiras del ego el Hijo dormido escucha a éste, que ahora se ha convertido en su mentor y “ salvador ” , y trata de huir del Espíritu Santo. El ego exhorta al Hijo a que escape del Espíritu Santo y que abandone la mente que se ha transformado en un campo de batalla en el cual el Hijo será destruido. De ese modo el ego nos ha dicho literalmente que “ salgamos de nuestras mentes ” ; tal como Un curso de milagros nos lo recuerda con frecuencia, el sistema de pensamiento del ego es completamente demente.

Este “ a bandono de la mente ” se conoce psicológicamente como proyección, y lo que estaba dentro de la mente ahora se percibe fuera. Recuerda que lo que alberga la mente dividida es el pensamiento de separación, proyectado externamente, y por lo tanto, lo que se percibe fuera de la mente es este pensamiento al cual se le ha dado forma; esto parece ser un mundo material separado que manifiesta la creencia en la separación del ego. Esta es la presentación que hace el Curso sobre la fabricación o falsa creación del mundo y es similar a la hipótesis científica del origen del universo conocida como el Big Ban.
Un curso de milagros, interpreta al universo físico como una defensa que el ego emprende en un acto desafiante de creación falsa, para protegerse de la temible imagen de Dios fabricada por el propio ego:

El conflicto fundamental en este mundo es, pues, entre la creación y la creación falsa. Todo miedo está implícito en la segunda, y todo amor en la primera. El conflicto es, por lo tanto, entre el amor y el miedo
(T-2.VII.3:13-15).

Aquí vemos pues que la explicación del Curso es claramente la antítesis de la visión judeo-cristiana de que el mundo es la creación de Dios:

El mundo que ves no es más que la ilusión de un mundo. Dios no lo creó, pues lo que El crea tiene que ser tan eterno como El. En el mundo que ves, no obstante, no hay nada que haya de perdurar para siempre. Algunas cosas durarán en el tiempo algo más que otras. Pero llegará el momento en el que a todo lo visible le llegue su fin (C-4.1). A todo lo que parece eterno le llegará su fin. Las estrellas desaparecerán, y la noche y el día dejarán de ser. Todas las cosas que van y vienen, la marea, las estaciones del año y las vidas de los hombres; todas las cosas que cambian con el tiempo y que florecen y se marchitan, se irán para no volver jamás. Lo eterno no se encuentra allí donde el tiempo ha fijado un final para todo (T-29.VI.2:7-10).

Un curso de milagros distingue entre el espíritu que Dios creó y el mundo que el ego
fabricó:

Desde que se produjo la separación ha habido una gran confusión entre las palabras “crear” y “fabricar”.… El ego es el aspecto inquisitivo del ser que surgió después de la separación, el cual fue fabricado en vez de creado (T-3.V.2:1; T-3.IV.3:1). El Espíritu Santo y el ego son las únicas opciones que tienes. Dios creó Una de ellas, y, por lo tanto, no puedes deshacerla. La otra la inventaste tú, y, por lo tanto, sí puedes. Sólo lo que Dios crea es irreversible e inmutable. Lo que tú has fabricado siempre se puede cambiar…
(T-5.V.6:8-12).

Un curso de milagros es inequívoco en este punto sobre la no creación del universo físico por Dios. Transigir aquí es imposible sino incurriremos en que su sistema de pensamiento se haga totalmente inefectivo. El Curso adopta una clara postura en lo que respecta a la integridad de su enseñanza:

Este curso o bien se creerá enteramente o bien no se creerá en absoluto. Pues es completamente cierto o completamente falso, y no puede ser creído sólo parcialmente. Y tú te escaparás enteramente del sufrimiento o no te escaparás en absoluto. La razón te dirá que no hay un lugar intermedio donde te puedas detener indeciso, esperando a elegir entre la felicidad del Cielo o el sufrimiento del infierno. Hasta que no elijas el Cielo, estarás en el infierno y abatido por el sufrimiento (T-22.II.7:3-8).

Para replantear la razón fundamental del ego: Al reconocer que no podía vencer a la Presencia del Espíritu Santo en la mente, el ego procuró ocultarse en un mundo material el cual tuvo que fabricar para poder esconderse. Además, como parte de este plan para escaparse de Dios, el ego comenzó a fragmentarse a sí mismo, una y otra vez, al tiempo que se materializaba en la forma, como si esperase encontrar seguridad en los fragmentos cuantitativos los cuales creyó que diluirían la Presencia del Espíritu Santo en la mente. Cuando reinterpretamos la historia bíblica de el mito de Adán y Eva con el ego como protagonista en vez de Dios el Curso nos provee una interesante versión alternativa y paralela:

El Jardín del Edén—la condición que existía antes de la separación— era un estado mental en el que no se necesitaba nada. Cuando Adán dio oídos a “las mentiras de la serpiente”, lo único que oyó fueron falsedades.…Lo que se ve en sueños parece ser muy real. Lo que es más, en la Biblia se menciona que sobre Adán se abatió un sueño profundo, mas no se hace referencia en ninguna parte a que haya despertado.… Todo miedo se reduce, en última instancia, a la básica percepción errónea de que tienes la capacidad de usurpar el poder de Dios.…Sólo después del sueño profundo que se abatió sobre Adán pudo éste experimentar pesadillas (T-2.I.3:1-2, 5-6; 4:1,5). Dios no cree en el castigo. Su Mente no crea de esa manera.…Este tipo de error es responsable de una multitud de errores similares, incluyendo la creencia de que Dios rechazó a Adán y lo expulsó del Jardín del Edén.
(T-3.I.3:4-5,9).

No fue Dios Quien trató de castigar a Adán al echarlo del Cielo, sino la premeditación del ego que convenció al Hijo dormido para que creyese que podía estar a salvo en un mundo que el ego fabricó, en lugar del que Dios creó. Desde su punto de vista, por supuesto, el ego tenía razón de sentirse amenazado. Pero el Hijo no tiene por qué escuchar su voz. Como nos exhorta el Curso:

“Tú no tienes por qué continuar creyendo lo que no es verdad, a no ser que así lo elijas” (T-2.I.3:3).

Así que el universo material—en el cual el Curso incluye a todos los universos—sirve al propósito del ego de ocultarle al Hijo su realidad. Es una cortina de humo la cual sirve, además como un camuflaje para esconderse. El ego nos dice que nos estamos escondiendo de Dios; en apariencia el mundo nos permite escondernos de nuestra culpa.

El Curso describe esta dinámica:

El mundo surgió para ocultarlo (al error original), y se convirtió en la pantalla sobre la que se proyectó [la separación] la cual se interpuso entre la verdad y tú. Pues la verdad se extiende hacia adentro, donde la idea de que es posible perder no tiene sentido y lo único que es concebible es un mayor aumento.
¿Crees que es realmente extraño que de esa proyección del error surgiese un mundo en el que todo está invertido y al revés [una referencia a la imagen invertida en la retina]? Eso fue inevitable. Pues si se llevase la verdad ante esto, ésta sólo podría permanecer recogida en calma, sin tomar parte en la absurda proyección mediante la cual este mundo fue construido. No llames pecado esa proyección sino locura, pues eso es lo que fue y lo que sigue siendo (T-18.I.6:2-8).

El coronamiento del plan del ego para evadir al Espíritu Santo es la fabricación del cuerpo:

El deseo fundamental del ego es suplantar a Dios. De hecho, el ego es la encarnación física de ese deseo. Pues es este deseo lo que parece encerrar a la mente con un cuerpo, manteniéndola sola y separada e incapaz de llegar a otras mentes, excepto a través del mismo cuerpo que fue hecho con el propósito de aprisionarla (L-pI.72.2:1-3).

Es el cuerpo—la encarnación del ego—el que convence al ego de que el mundo físico es real. Mas el cuerpo se fabricó como parte del plan del ego para ocultar la Realidad, y a duras penas se puede considerar como un testigo fiable.

Parece como si desde el mundo de los cuerpos, al que la demencia dio lugar, se le devolvieran a la mente que lo concibió mensajes descabellados. Y esos mensajes dan testimonio de dicho mundo, y lo proclaman real.…De lo único que dichos mensajes te hablan es de cosas externas. No hay mensaje que hable de lo que está subyacente [la Realidad], pues el cuerpo no podría hablar de ello. Sus ojos no lo pueden percibir; sus sentidos siguen siendo completamente inconscientes de ello y su lengua no puede transmitirte sus mensajes (T-18.IX.3:1-2,4-6).

Considera por un momento: ¿Qué sino el cuerpo afirma en términos “ seguros ” que la separación es real? ¿Qué más sino el cuerpo da testimonio de que la verdad (espíritu) por ser invisible no existe, y que las ilusiones (universo físico, ) por ser visibles sí que existen?

Cuando hiciste que lo que no es verdad fuese visible, lo que es verdad se volvió invisible para ti. (T-12.VIII.3:1).

¿Qué es lo que nos dice que hay un mundo externo que puede verse, oírse, saborearse, olerse y sentirse; que juzga lo que es bello y lo que es feo; que percibe la separación dentro y fuera de sí mismo? ¡El cuerpo! Nuestros órganos sensoriales transmiten mensajes del mundo “ e xterno ” a nuestros cerebros, el cual los interpreta entonces como imágenes que difieren entre sí del susodicho mundo real. Y, sin embargo, como afirma el Curso, el cuerpo es el único en todo el mundo que no sabe lo qué es la Realidad:

El cuerpo es incapaz de saber nada. Y mientras limites tu conciencia a sus insignificantes sentidos, no podrás ver la grandeza que te rodea (T-18.VIII.2:1-2).

La capacidad de percibir hizo que el cuerpo fuese posible, ya que tienes que percibir algo y percibirlo
con algo (T-3.IV.6:1).

Y es a este yo falsamente creado (a “ este transeúnte extraño ” ) a quien le pedimos ayuda en torno a quiénes somos:

No le preguntes a ese transeúnte: “¿Qué soy”? El es la única cosa en todo el universo que no lo sabe. Sin embargo, es a él a quien se lo preguntas, y es a su respuesta a la que deseas amoldarte.…A él te diriges para preguntarle el significado del universo. Y a lo único que es ciego en todo el universo vidente de la verdad le preguntas: ¿“Cómo debo contemplar al Hijo de Dios”? (T-20.III.7:5-7,9-10)

Un curso de milagros nos describe la locura del sueño de este mundo:

El sueño del mundo adopta innumerables formas porque el cuerpo intenta probar de muchas maneras que es autónomo y real. Se engalana a sí mismo con objetos que ha comprado con discos de metal o con tiras de papel moneda que el mundo considera reales y de gran valor. Trabaja para adquirirlos, haciendo cosas que no tienen sentido, y luego los despilfarra intercambiándolos por cosas que ni necesita ni quiere. Contrata a otros cuerpos para que lo protejan y para que coleccionen más cosas sin sentido que él pueda llamar suyas. Busca otros cuerpos especiales que puedan compartir su sueño. A veces sueña que es un conquistador de cuerpos más débiles que él. Pero en algunas fases del sueño, él es el esclavo de otros cuerpos que quieren hacerle sufrir y torturarlo (T-27.VIII.2).

¿Qué es el mundo, sino una diminuta brecha que parece desgarrar la eternidad y fragmentarla en días, meses y años? ¿Y qué sois vosotros que vivís en el mundo, sino una imagen fragmentada del Hijo de Dios, donde cada uno de los fragmentos está oculto dentro de un trocito de barro separado e inseguro? (T-28.III.7:4-5)

En resumen, el Nivel Uno contrasta la Realidad del Cielo con la ilusión del infierno que fabricamos. En este nivel, Un curso de milagros no concilia ningún arreglo entre los dos pues ambos no pueden ser verdaderos. La realidad de uno niega la existencia del otro, y el Curso enseña que no puedes tener un poquito de infierno en el Cielo, ni un poquito de Cielo en el infierno. Esta posición metafísica es el fundamento de la enseñanza de perdón del Curso.

El ego intenta opacar la diferencia entre la verdad del Cielo y la ilusión del mundo para lograr su propósito de mantener el problema del ego alejado de la Respuesta de Dios. El problema es la creencia en la realidad del sueño, que radica en nuestras mentes para el cual Dios creó al Espíritu Santo como la Respuesta. Al apartarse de la mente, el ego logra confundir la Voz del Espíritu Santo. El mundo, y todos sus problemas exigen nuestra atención, y nos distrae con respecto al origen del problema real: nuestra creencia en el mundo y en la separación que lo originó. No sólo el Reino del Cielo se encuentra en nuestro interior, sino también el reino del ego. Un curso de milagros resume este aspecto del plan del ego:

No puedes resolver un problema a menos que sepas de qué se trata. …Esta es la situación del mundo. El problema de la separación, que es en realidad el único problema que hay, ya se ha resuelto [por el Espíritu Santo]. No obstante, la solución no se ha reconocido porque no se ha reconocido el problema. Toda esta complejidad [de los problemas del mundo] no más que un intento desesperado de no reconocer el problema y, por lo tanto, de no permitir que se resuelva (L-pI.79 .1:1,3-5; 6:1).

Antes que podamos discutir la respuesta de perdón que ofrece el Espíritu Santo, primero tenemos que mirar el modo como funciona la mente dividida y separada y como ese modo se manifiesta en este mundo de sueños. La trinidad de pecado, culpa y miedo como parte inherente al ego original—el Hijo de Dios que se quedó dormido—permanece dentro de cada parte o fragmento de la Filiación. Así que cada parte aparentemente separada—los falsos yos individuales (o personalidades) con las cuales nos identificamos—lleva consigo, consciente o inconscientemente, la creencia original en el pecado, la culpa y el miedo.