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lunes, octubre 12

“LOS 50 PRINCIPIOS DE LOS MILAGROS” (Kenneth Wapnick)

PRINCIPIO 1

No hay grados de dificultad en los milagros. No hay ninguno que sea más "difícil" o más "grande" que otro. Todos son lo mismo. Todas las expresiones de amor son máximas.

Si bien dije que esta no es mi sección favorita, creo que este primer principio es una joya. Es una de las afirmaciones más importantes en todo el libro, y creo que Jesús también piensa igual, porque éste es un principio que aparece en distintas formas en los tres libros una y otra vez. Si pudiéramos entender cabalmente lo que significa, que "no hay grados de dificultad en los milagros," entenderíamos todo lo demás en el Curso, porque ese principio contiene dentro de sí la semilla del sistema de pensamiento en su totalidad. El que "no hay grados de dificultad en los milagros" es como decir que todos los problemas del mundo son lo mismo -los que parecen mayores y los que parecen menores-. No hay diferencia entre ellos.

Esto se puede entender cabalmente cuando reconocemos que afuera no existe mundo alguno. Si usted cree en la realidad del mundo de la percepción, del mundo físico o del mundo separado, entonces tiene que creer que hay gradaciones: hay cosas más grandes y cosas más pequeñas. Nuestro mundo todo, que realmente es decir todo el mundo de la percepción, se basa en sistemas y en diferencias. Todos tenemos conceptos de grande y pequeño, grueso y delgado, bonito y feo, masculino y femenino, noche y día, luz y obscuridad, problemas grandes y problemas pequeños, y así sucesivamente. Nuestra idea acerca de los colores también se fundamenta en eso: diferentes ondas de luz. Estas son partes inherentes del mundo de separación del ego -de que hay diferencias en este mundo.

Una vez creemos que el cuerpo es real, creemos entonces que hay ciertos problemas que son más críticos que otros. Si una persona padece de una enfermedad que "amenaza su vida," entonces ese es un problema serio. Si alguien tiene un dolor de cabeza decimos que ese no es un problema tan serio. No existe nadie en el mundo que no haya caído en esa trampa. Esto también adquiere la forma de pedir la ayuda del Espíritu Santo para algunos problemas y para otros no; o creer que El está muy ocupado para molestarse con nuestros inconsecuentes y tontos problemas; o creer que nosotros podemos encargarnos de éstos por nuestra cuenta. En verdad, sin embargo, Sus soluciones nos producen miedo, pues las mismas significarían el deshacimiento del ego.

No obstante, el propósito de estudiar Un Curso de Milagros no es que nos sintamos culpables por caer en estas trampas. La idea cabal del Curso es que sepamos cuán dementes estamos y cuán demente es este sistema de pensamiento, de manera que podamos cambiar de opinión acerca del mismo. Usted no puede cambiar de pensamiento acerca de algo si no sabe que está ahí. Así que la idea de poner al descubierto al sistema de pensamiento del ego no es hacernos sentir aún más culpables de lo que somos o más estúpidos de lo que nos sentimos, sino ayudarnos a comprender que, en efecto, nosotros sí creemos en esto, de manera que podamos cambiar de idea al respecto. Y este primer principio nos pone en marcha con una detonación.

Por lo tanto, lo que esto significa es que tan fácil es sanar un cáncer como un simple dolor de cabeza. Es tan fácil sanar una amenaza de guerra nuclear como lo es sanar una disputa entre dos niñitos, porque todo es lo mismo. Todos emanan de un punto central, que es la creencia en la separación o la creencia en la culpa. Los problemas jamás están en el mundo externo, sino en nuestras mentes. Las cosas que hacemos en este mundo para aliviar el dolor se hacen en el nivel de los síntomas, lo que significa que se hacen en el nivel de la forma. Uno de los principios claves en el Curso es la distinción que siempre nos pide que hagamos entre forma y contenido. Un curso en milagros enseña que sólo hay dos contenidos básicos en el mundo: Dios o el ego; amor o miedo; espíritu o cuerpo. Hay solamente dos percepciones básicas en el mundo: una es la manera del ego de mirar un problema y la otra es la manera del Espíritu Santo de mirar ese mismo problema.

Lo que ocurre es que estos dos contenidos aparecen luego en una miríada de formas. Cuando decimos que el contenido básico en el mundo del ego es la separación, resulta obvio cuántas formas distintas adquiere esta creencia. Algunas cosas tales como el dolor, el sufrimiento, la muerte, etc. las llamamos negativas. Algunas las llamamos positivas, lo que generalmente quiere decir que logramos lo que queremos, o que las personas están libres del sufrimiento externo. Pero la cuestión jamás radica en la forma que aparece en el lado derecho de la gráfica; la cuestión es siempre el pensamiento subyacente, aquí en el lado izquierdo (vea gráfica en la pág. 6).

En el Capítulo 23 hay una sección que se titula Las leyes del caos (T.23.II), la cual es muy difícil y una de las más importantes en el texto. Esta sección describe las cinco leyes que componen el sistema de pensamiento del ego y, en realidad, constituyen la contraparte de los cincuenta principios del milagro. (Ustedes pueden ver de qué lado está Jesús puesto que ofrece cincuenta principios del milagro y sólo cinco leyes de caos.)

La primera ley de caos es la contraparte exacta del primer principio del milagro. Esta afirma que la verdad es relativa y que existe una jerarquía de ilusiones. Algunas ilusiones son peores que otras, o algunas son mejores que otras. Repito, esto es exactamente de lo que estamos hablando. Una vez usted cree que ciertos problemas son mayores que otros, tiene que creer que hay diferentes niveles de solución para los diferentes niveles del problema. Ciertamente, alguien que esté en el campo de la medicina sabe que si existe este síntoma, usted hace "A", y si hay otro síntoma hace "B", y si hay un tercer síntoma hace "A" y "B" o alguna otra cosa. Todas son cosas muy específicas que hacemos para sanar o resolver los distintos problemas que creemos tener. Dicho sea de paso, el Curso hace bien claro que esto no significa que no se deban hacer estas cosas, pero yo elaboraré eso más adelante cuando surja en relación con los principios de milagros (vea pág. 36-37).

Lo único que verdaderamente sana es deshacer la creencia de que estamos separados de Dios, que es de donde procede la culpa. Como veremos luego, otra manera de explicar qué es curación, sería "el unirnos." Si reconocemos que el único problema que existe es la creencia de que estamos separados, esto tiene que significar que la única manera de resolver todos los demás aparentes problemas es la unión.

Otra cosa que se pondrá de manifiesto a medida que trabajemos con este material es que Un curso en milagros enseña que la forma en que definimos un problema automáticamente establece cómo lo resolvemos. Por eso es muy importante al trabajar con el Curso que siempre tengan presente que éste reconoce un solo problema, que es la creencia de que estamos separados. Si usted afirma que el problema es cualquier otra cosa, automáticamente está diciendo que la solución será otra.

La Lección 79 del libro de ejercicios señala que sólo hay un problema, por consiguiente sólo hay una solución. El único problema es la culpa, la separación, o el guardar resentimientos, y la única solución es el milagro, el perdón o el unirnos. Este primer principio, pues, realmente establece que: "no hay grados de dificultad en los milagros." A pesar de lo que creamos que es el problema, todos nuestros problemas pueden resolverse en la misma forma, simplemente cambiando nuestro pensamiento acerca de ellos.

P: A veces negamos las cosas y creemos que ya hemos cambiado de pensamiento...

R: Como dice al final del texto: "Las pruebas por las que pasas no son más que lecciones que aún no has aprendido que vuelven a presentarse de nuevo a fin de que donde antes hiciste una elección errónea, puedas ahora hacer una mejor..." (T-31.VIII.3:1). Obviamente, la mayor parte del tiempo no hemos deshecho toda nuestra culpa, y puede que haya relaciones que creemos haber sanado y resuelto y un año más tarde sucede algo y, ¡zás!, todos esos resentimientos vuelven a surgir. Todo el mundo ha tenido esa clase de experiencia.
Esto no necesariamente quiere decir que fracasamos cuando originalmente intentamos ocuparnos de ello. Lo que probablemente significa es que hicimos lo que pudimos en ese momento, y luego más tarde estuvimos listos para dar otro paso y sanar una capa más profunda de culpa. Luego se presenta una oportunidad y nos encontramos airados y molestos, nos sentimos agraviados y victimados, y eso nos indica que no nos habíamos desprendido totalmente de esa creencia, puesto que ahora la proyectamos sobre esta otra persona. El ego quiere que creamos que somos unos fracasados; lo que el Espíritu Santo nos diría es que ahora estamos listos para dar otro paso. Esa es realmente la fuerza propulsora del Curso: ayudarnos a interpretar todo lo que sucede en nuestras vidas como una oportunidad de sanar y perdonar algo que estaba profundamente sepultado dentro de nosotros y que no sabíamos que estaba allí. Y no hay excepciones a ese principio.

En efecto, de donde emerge la gran pujanza del Curso es que el mismo es tan consistente y sencillo en todo lo que expresa. Realmente nos enseña una sola manera de juzgarlo todo en el mundo. Ese es el modo de Un curso en milagros: que todo lo que ocurre es una oportunidad para sanar nuestras mentes, y no importa que nos sintamos perturbados sobre algún incidente terrible del cual nos enteramos por el periódico, o si lo que nos perturba es una cosa trivial que sucede en nuestros hogares o en nuestras familias, nuestras comunidades o situaciones de trabajo.

P: Aunque puede que no haya grados de dificultad en los milagros, nosotros estamos bien convencidos de que sí los hay. En vista de ese hecho, ¿es probable que necesitemos experimentar el perdón con un asunto grande antes de llegar a los otros?

R: Trabajamos con lo que haya que trabajar. Algunas personas sienten que es todo lo contrario, que los asuntos grandes son demasiado. Así que practican con los pequeños: la persona que les corta en la carretera, o alguien que hace algo un tanto fastidioso, o algo que sus hijos deben hacer en la casa y que no hacen. Hay quienes encuentran más fácil lidiar con esas cosas que con asuntos mayores, y otros piensan lo contrario.

P: ¿Hay que hacer todas esas cosas?

R: No tiene que hacerlo, sólo que se sentiría mejor si lo hiciera.

P: ¿Significa también el primer principio que sería tan fácil curar un cáncer como curar un catarro?

R: Sí, pero usted puede equivocar la idea de que el problema es el cáncer o el catarro en el cuerpo. Ese no es el problema. El problema es el pensamiento que lo llevó a eso. El Curso dice que el único significado de algo es para qué es. Usted no se concentra en el síntoma del cáncer como tampoco debe concentrarse en la remisión del mismo, porque ese no es el problema. El cáncer puede servir un propósito, no sólo para esa persona en particular, sino también para la gente en la vida de ella -la familia, los amigos, los médicos, etc.

P: Así que "no hay grados de dificultad en los milagros" nunca significa realmente la cura de algo, en verdad significa un cambio de percepción.

R: Exacto, significa un cambio de pensamiento. Discutiremos eso una y otra vez a medida que entremos en esto.

P: De acuerdo con eso, si su pensamiento ha causado la condición cancerosa y, de hecho, la mente se sana, ¿no se toma irrelevante el que el cáncer físico se cure o no?

R: Correcto. A menudo la gente usa la curación física como una manera de probar su salud mental o espiritual o la falta de ella. "Si realmente hago esto bien, entonces este tumor desaparecerá." Y, repito, lo que se logra es hacer ese error real. Cuando su mente realmente se sane, esto no será un asunto álgido para usted. No quiere decir que el tumor no desaparecerá. Sólo significa que su inversión no será hacer que desaparezca. Su inversión será lograr su paz mental.

P: ¿Acaso la muerte significa que sólo nos acostemos y renunciemos a nuestro cuerpo en el momento apropiado?

R: Si "apropiado" significa para usted, que morimos cuando completamos las lecciones que vinimos a aprender, sí. Sin embargo, también podemos cambiar de idea y decidir abandonar nuestro cuerpo antes de completar esas lecciones. Como dice el Curso: "Y nadie muere sin su propio consentimiento" (L-pI.152.1:4).

P: ¿Hasta qué punto entra en juego la percepción compartida de la enfermedad de aquellos que nos rodean? ¿Hasta qué punto estamos cautivos en esa percepción aun cuando nuestra mente está en el proceso de cambio?

R: Dentro de cada uno de nosotros siempre hay dos voces. Tenemos la voz del ego y la Voz del Espíritu Santo. Pasamos la mayor parte del tiempo yendo de un lado a otro. Digamos que yo estoy realmente practicando lo que dice Un curso en milagros, pero que no lo practico en su totalidad. Aún tengo algunas dudas y algunos miedos, y tanto ustedes como otras personas se unen a mí y refuerzan seriamente la manera de interpretar del ego. No cabe duda de que eso reforzará mi ego. Si yo estuviera realmente firme, si reconociera que todo lo que el ego me dijo era falso, entonces no importaría cuántas personas, millares o millones, dijesen lo que quisieran. En lo más profundo de mi ser yo sabría que eso no importa. Pero si estoy titubeando, mi ego siempre estará a la expectativa de aquellas personas que pueda utilizar como testigos para reforzar su caso. Pero el problema no es la gente que lo refuerza. El problema es que inconscientemente yo ando en busca de esos testigos que probarán que mi ego tiene razón. Como todos sabemos, no hay que buscar muy lejos en el mundo. Si realmente usted quiere probar que la ira está justificada, que la enfermedad es terrible y que la separación es real, encontrará testigos por doquier. Mientras vacilemos, no hay duda de que los pensamientos negativos o egocéntricos de otras personas reforzarán los nuestros. Ellos no son responsables de los nuestros porque eso sería vudú, la idea de que usted puede influir en otra persona. El Curso jamás enseñaría tal cosa porque eso ubicaría la responsabilidad sobre otros hombros. Lo que Un curso en milagros diría es que los pensamientos de los demás o lo que ocurra en el mundo puede reforzar nuestro propio ego. Pero si usted está realmente claro acerca de lo que cree, eso no tendrá efecto alguno. Jesús, indudablemente, sería el ejemplo máximo.

Por lo tanto, creer que fumar causa cáncer es caer en la trampa del ego; lo que lo causa es la culpa. Pero si usted cree que el fumar le es perjudicial, entonces no debe fumar. Si usted es diabético, y la enfermedad aún es parte de su sistema de pensamiento, entonces el no inyectarse insulina sería un intento inconsciente de castigarse a sí mismo, como lo sería el comer mantecado, etc. En este contexto, pues, cuidar de su cuerpo enfermo sería lo más amoroso y clemente que usted podría hacer.

P: ¿Qué significa "escuchar" al Espíritu Santo?

R: El decir que oímos al Espíritu Santo es realmente una metáfora, como lo es el referirnos a El como la Voz de Dios. El Espíritu Santo se comunica con nosotros a través de nuestra mente, y utilizará cualquier medio o vehículo que podamos aceptar. Así, puede ser lo que llamamos intuición, imaginación, un pensamiento o discernimiento repentino, un sueño, una sensación de que "escuchamos" palabras o de que surgen pensamientos que sabemos que no son nuestros. El no es exigente; usará cualquier cosa que le ofrezcamos.

Sigamos adelante, o de lo contrario no pasaremos de la primera línea. La segunda línea, por supuesto, es otra manera de expresar lo que hemos dicho. Decir que no hay milagros "más difíciles" o "más grandes" es lo mismo que decir que no hay problemas más grandes o más difíciles. Bill Thetford solía decir que el primer principio podía replantearse como: No hay grados de dificultad en la solución de problemas. Todos son lo mismo y, por lo tanto, todas las soluciones son la misma.

"Todas las expresiones de amor son máximas." Muchos de ustedes me han escuchado hablar de los dos niveles en que está escrito el Curso. El primero es el nivel metafísico al cual no vamos a dedicarle mucho tiempo hoy. El segundo es el nivel más práctico que contrasta las dos maneras de juzgar al mundo. Pero el primer nivel es realmente la parte del Curso que no admite componenda de clase alguna. Una cosa es totalmente verdadera o totalmente falsa; y no hay términos medios. No se puede estar un poquito embarazada; o está embarazada o no lo está. En el segundo nivel, vamos de un lado a otro todo el tiempo entre el ego y el Espíritu Santo. Pero esa afirmación, "todas las expresiones de amor son máximas," realmente es una aseveración del Nivel Uno: Usted no puede tener un poquito de amor. O tiene amor o no lo tiene, porque una de las características del amor es que éste es total, completo y no hay exclusiones, no hay excepciones. Todas las expresiones de amor tienen que ser máximas, lo cual es otra forma de decir que sólo hay un problema en el mundo. Ese problema es el odio o el miedo; y, por lo tanto, sólo hay una solución a ese problema, y esa solución es el amor. El amor no procede de nosotros; no proviene del mundo. El amor emana de Dios, a través del Espíritu Santo Quien nos inspira entonces a ser lo que podríamos llamar amorosos.

Un curso en milagros también nos enseña que nadie en este mundo puede ser amoroso, porque nos dice que el amor sin ambivalencia es imposible aquí (T-4.III.4:6). El sólo hecho de estar aquí significa que tenemos un ego, lo cual quiere decir que creemos en la separación. Esto significa que no podemos creer en la naturaleza del amor que todo lo abarca. Técnicamente, el perdón es el equivalente del Amor del Cielo en este mundo, y el amor nos llega de Dios a través del Espíritu Santo en nuestras mentes, Quien nos inspira todas las cosas amorosas que hacemos. Pero aquí con el uso de la palabra "amor" podemos ver cómo el Curso no es, ciertamente, muy estricto en el uso de la misma. A menudo hablará de amor en términos de lo que hacemos aquí.

P: ¿A qué se refiere él aquí entonces? Si "todas las expresiones de amor son máximas," eso aplicaría únicamente al amor de Dios.

R: Sí, pero al Amor de Dios a través del Espíritu Santo aquí. En otras palabras, el contexto de la aseveración es el milagro. El milagro procede del amor. El próximo principio habla sobre eso.

PRINCIPIO 2

Los milagros -de por sí- no importan. Lo único que importa es su Fuente, El Cual está más allá de toda posible evaluación.

El hecho de que Fuente esté escrito con mayúsculas, por supuesto, nos dice que la Fuente es Dios, y Dios está presente en nuestra mente, en nuestra mente dividida, a través del Espíritu Santo. Lo que también es importante aquí es percatarnos de que los milagros no importan, porque éstos son parte del mismo mundo ilusorio del que forma parte el ego. Si el milagro es una corrección, es entonces una corrección de un pensamiento ilusorio, lo cual también convierte al milagro en una ilusión. Sólo se necesita en el mundo de la ilusión. Usted no necesita el perdón en el Cielo. Como dije antes, no se necesita un milagro en el Cielo. Se necesita el perdón o un milagro únicamente en un lugar donde se cree en el pecado, el sufrimiento, el sacrificio, la separación, etc.

Lo único que en verdad importa es Dios o la creación de Dios, que es el espíritu, que es el Cristo en nosotros. En este mundo, sin embargo, el milagro sí importa, porque esa es la corrección que nos permite recordar eventualmente Quiénes somos en realidad. El Curso también se refiere al perdón como una ilusión. En un lugar dice que esta es la ilusión final (L-pI.198.3). Lo que la hace diferente de todas las demás ilusiones en el mundo es que el perdón es el final de la ilusión. Todas las demás ilusiones aquí realmente engendran ilusiones, de modo que refuerzan la fantasía de que estamos separados o de que el ataque es real y está justificado. El perdón es una ilusión que nos enseña que no hay ilusiones.

P: Si usted dice que no podemos lograr amor completo en esta vida, ¿cómo nos relacionamos con Jesús?

R: Bueno, permítanme calificar eso. Yo creo que hay muy, muy, pocas excepciones, tales como Jesús, quien es el mayor símbolo del Amor de Dios. Además, hay algunas personas que han trascendido totalmente sus egos, y que permanecen aquí por un tiempo para ayudar a otras personas a lograrlo. Ellos son los que en el Oriente se conocen como avatares o bodisattvas: personas que han trascendido totalmente sus egos, pero que permanecen asidos a una astilla del ego para poder quedarse aquí en el cuerpo. Ya no están aquí para aprender lecciones. Pero, como indica el Curso en algún lugar, esto es tan raro que no vale la pena hablar de ello (M-26.2-3).

P: ¿Qué son nuestras creaciones?

R: "Creaciones" es una de esas palabras técnicas que el Curso utiliza y que no explica realmente. Se refiere al proceso de creación que compartimos con Dios. Uno de los atributos básicos del espíritu es que siempre está extendiéndose. Este no es un proceso que ocurre en el tiempo o el espacio, por lo cual es tan difícil para nosotros concebirlo. Dios se extiende a Sí Mismo -como espíritu, El siempre está extendiéndose- eso es lo que se llama creación. Nosotros somos el resultado de eso, no el nosotros tal como nos identificamos sentados en este salón, sino el "nosotros" que es el Cristo y que somos todos. Cada uno de nosotros es una parte de ese Cristo que es una extensión de Dios, ya que Cristo es parte de Dios, El también comparte los atributos básicos de Dios. Uno de esos atributos es la extensión, así que Cristo también se extiende. Aquello que extiende el Cristo es lo que el Curso llama "creaciones." Las creaciones son realmente las extensiones nuestras en nuestro verdadero estado. Repito, lo que lo hace tan difícil de entender, es que este proceso no tiene contraparte o término alusión a algo en este mundo. Cuando el Curso utiliza la palabra "crear", como lo hará en uno de estos principios del milagro, no se refiere a tener un pensamiento creativo, a crear una obra de arte o algo así por el estilo, -no es que el Curso esté en contra de nada de eso- sólo que usa la palabra con una acepción distinta. "Crear" es un vocablo que Un curso en milagros siempre utiliza para señalar lo que hace el espíritu. Si usted quiere pensar en conformidad con la idea tradicional de la Trinidad, la Segunda Persona de la Trinidad consistiría no solo de Cristo, del cual cada uno de nosotros es una parte, sino también de las extensiones de Cristo, que son nuestras creaciones.

P: El Curso parece prometer que nuestras creaciones nos están esperando. ¿Es eso así?

R: Como un pelotón vitoreador. Usted se acerca a la meta y allí están ellos a cada lado animándole. Eso es una metáfora, por supuesto, la idea es que nuestra propia integridad constantemente nos pide que recordemos quiénes somos.

En la última parte del segundo principio -La Fuente está mucho más allá de toda evaluación- "evaluación" es una palabra que pertenece a este mundo. Siempre estamos evaluando, y el hecho de que estemos evaluando algo es, obviamente, un proceso de juicio; es un proceso de percepción. Si usted habla de evaluación, habla de un evaluador que evalúa algo o a alguien. Así que habla de separación: sujeto y objeto. Obviamente, todo el proceso de evaluación tiene pertinencia únicamente en el mundo de la percepción, el cual no es el mundo de Dios. Dios está más allá de toda evaluación porque Él está más allá del juicio; Él está más allá de la forma; Él está más allá de la separación; Él está más allá de la percepción. El milagro sólo importa en la medida que nos enseñe que aquí nada importa. Una vez aprendamos esa lección, el uso del milagro habrá terminado. Es lo que el Curso nos enseña sobre el tiempo: su único propósito es enseñarnos que el tiempo no existe (vea pág. 70). Lo mismo puede decirse del mundo y del cuerpo: El único propósito que tiene el mundo y que tiene el cuerpo es enseñarnos que ni el mundo ni el cuerpo existen pero no podemos aprenderlo sin estar aquí en un cuerpo. Es por eso que Un curso en milagros nos enseña muy claramente que no debemos negar nuestras experiencias físicas aquí o negar nuestro cuerpo (T-2.IV.3:8-11). Sólo nos dice que debemos mirarlos en una forma distinta.